martes, septiembre 25

Caracol

Di: caracol.

Di: caracol, caracol.

Di: caracol, caracol, caracol.

Di: caracolcaracolcaracolcaracol.

Acerca el oído.

Un siseo.

¿Escuchas el mar?

"El amor, va y viene y en su nubarrón nos tiene".

Si tú fueras al mar

yo sería caracol para tus oídos.

Di: mar.

Di: a-mor.

El mar da vueltas sobre sí mismo

misma.

Como un caracol.


Inspirado en la canción Caracol de Leticia Servín. Disponible en su disco Sueño Rock.

martes, septiembre 18

Despierta. II

Un error de sincronización le hizo pensar que había atrapado a Arian en el último momento. Ese equipo le había causado problemas por toda una semana y por un segundo pensó que podría eliminarlos. Aquella había sido sin duda la cacería más emocionante que había realizado.
Había logrado encontrar a Thais el último día merodeando el Server de Hexagesa. La había sacado de la línea y se hizo pasar por ella en el mensajero intentando ganar tiempo para atrapar a Arian.
De alguna manera, Arian le había hallado primero.
Repasó sus
movimientos. La había sustituido en todo. Incluso había logrado piratear los programas que estaban usando para evadirle. Le intrigaba la forma en que el llamado “Ghost” había sido ejecutado la última vez.
“Movida astuta”, pensó.
Giró la silla sobre su eje y vio la mitad de sus computadoras, con un cuadro de alerta en color rojo, completamente inútiles luego de que Arian irrumpiera en ese sistema. Había tenido que sacrificar su posición para ganar tiempo. Una pérdida muy alta tomando en cuenta que solo logró la mitad de su objetivo.
El pago por aquel trabajo le serviría apenas para reponer ese equipo.
“De todas maneras, empezaba a ser obsoleto”. Las palabras salieron entre dientes mientras encendía el cigarrillo.
Abrió el ordenador por
tátil y usó la conexión independiente. Revisó el último estado de cuenta y allí estaban los cinco millones prometidos. Quizá, luego de reponer los ordenadores, sobrara un poco de dinero. Estaba siendo optimista.
El teléfono sonó en ese instante.
- Ey.
- Fallaste.
- Solo a medias – el humo del cigarro salió con fuerza, como si intentara expresar una inconformidad a su interlocutor. En realidad, se sentía relajado. Un ligero temblor de adrenalina atravesaba su espalda.
- El dinero está en tu cuenta. Trabajo terminado.
La comunicación terminó y Zac tiró el teléfono a un sillón cercano. Al ponerse de pie, retiró el abrigo del respaldo de su silla de trabajo y salió a la calle.
Afuera la gente caminaba como siempre: apresurada para ir a ninguna parte. Daba lo mismo. A donde fueran, solo tenían dos opciones: trabajar o descansar. Zac se complacía a sí mismo pensado que era diferente. Que él podía hacer otras cosas. Quizá esa noche visitara el club. Pero primero iría a ped
ir el nuevo equipo. Después de todo, se había ganado el update del mes.
Frente a la puerta de la Armería, había un puesto de comida. Compró una salchicha y atravesó la puerta mientras daba la primera mordida. Desde el mostrador, un sujeto lanzaba gritos hacia alguien que se encontraba en la parte trasera.
Vio la mercancía en los estantes, como si algo pudiera interesarle. El hombre tras el mostrador volteó a verle y su rostro cambió de pronto.
- ¡Zac, por fin! Me han llegado cosas nuevas, debes verlas. Son lo último en…
- Déjame ver la armería – dijo a secas el visitante dando un bocado más.
El dueño del lugar era Erick, un sujeto entrado en años pero de expresión jovial. Dio la vuelta al mostrador y se acercó a una puerta y dejó pasar a Zac.
Era un cuarto el doble de grande que el negocio anterior. Unas pocas luces iluminaban el lugar hasta un corredor que daba a una bodega de tamaño a un mayor en la parte de atrás del edificio.
- Y ¿qué nec
esitas esta vez? Tengo un par de cosas nuevas que …
- Quiero actualizar mi equipo.
Erick guardó silencio unos segundos.
- ¿Cuánto necesitas?
- Es la mitad de mi estación.

- ¡La mitad! ¿Qué te hicieron? – el comerciante soltó una discreta carcajada. Sabía lo que aquellas palabras significaban – te dije hace un par de semanas que te llevaras recursos más recientes, pero no quisiste.
- No importa. Puedes ir por la basura.
- Mandaré a alguien.
Zac caminó entre los estantes y fue señalando cosas. Erick empezaba a apuntar en una tabla. Después de unos minutos tenía una larga lista. Tecleó sobre la tabla un par de veces y anunció el total.
- Son… tres millones 100 mil.
Zac giró sobre sus talones y se quedó frente a Erick sin decir palabra.
- Te tomar
é el equipo viejo a cambio… te parecen…
- Lo que digas. Solo lleva el equipo hoy.
Zac salió del lugar mientras los gritos de Erick se alzaban dando instrucciones para transportar el equipo. Mientras caminaba, sonreía. El, después de todo, no era como los demás. Pensaba en que su presencia en este mundo no estaba sujeta al mero ciclo de existencia que compartían los demás.
Le gustaba pensar de aquella manera. Le gustaba sentirse dueño de los pasos que daba. De su suerte, echada cada vez que se encendía la pantalla del ordenador.
Alguien pasó a su lado golpeándole con el hombro. El sujeto siguió de largo sin voltear. Zac se detuvo, decidiendo si le devolvía el golpe, esta vez de frente, o seguía su camino hacia el club. La silueta le parecía conocida.
- Es Sync, ¿lo recuerdas?
Sin que él se percatara, una mujer se había puesto a su lado. La reconoció de inmediato.
- Hacía mucho que no te veía, Krysta.
- Anda en cosas raras.
- ¿Sync?
- Cosas muy raras. Creo que finalmente se volvió loco.
- Demasiado cobre.
- Quizá, o puede ser otra cosa.
- Conozc
o a más de uno que ha quedado peor por consumir el Cuprum. Debe ser eso.
- Yo lo usaba… y tú conmigo. ¿Recuerdas?
- Viejos tiempos.
- No fue hace mucho. – Krysta sonrió, Zac lo pudo percibir de reojo.
- Voy a un club. ¿Unos tragos?
- ¿Porqué no?

* * * * *

Un sabor metálico en la boca fue lo primero que percibió cuando se abrieron sus ojos. Tirados a un costado de la cama, varias tiras vacías de Cuprum le ayudaron a recordar vagamente lo que había pasado la noche anterior. Le bastaría ver el video de vigilancia para saber por completo la forma en que había pasado la noche.
Por el cuarto había huellas del paso de Krysta. Hacía tanto que no se veían.
Sentía como si su cabeza hubiera estado sumergida en hielo. Era uno de los muchos efectos secundarios de la droga. Poco a poco los recuerdos irían llegando y sería hasta mañana cuando su cuerpo se sentiría como un completo desastre.
“Maldita porquería”. Pero el rostro de Zac tenía una sonrisa. Aún estaba bajo los efectos del Cuprum. Así seguiría por varias horas.
Seis tiras en el piso. Cada una por 100 mil. Se había gastado al menos 600 mil solo en droga. Él solo quería unos tragos.
Un escalofrío llegó acompañado de un recuerdo de la vigilia. El cuerpo de Krysta. Sus sentidos magnificados aún en la memoria. El contacto. El final inalcanzable.
“Maravillosa mierda”.
Se colocó los pantalones mientras se dirigía a un panel escondido en la pared. Luego a la primer computadora de la fila que aún servía. Erick ya había llevado desde la tarde anterior el equipo nuevo y solo bastaba oprimir un par de botones para echarlo a andar. Erick era bueno en su trabajo después de todo.
Empezó a reproducir el video. Fast-Forward en las escenas sin importancia. Había una charla. Quiso escuchar.
- …Sync no es el primero. Parece que ya tienen lista esa cosa, sea lo que sea. Están reclutando. ¿De donde sacaste todo ese dinero?
- Un trabajo – era su voz diciéndolo desde la pantalla.
- La próxima vez, quizá no solo pierdas tus computadoras.
Zac detuvo la cinta. Un ligero aumento en la presión sanguínea provocó que los remanentes de la droga llegaran con mayor rapidez a todas partes de su cuerpo. Se recostó en el sillón, pensando. Podría repasar la cinta después, tratar de hallarle sentido.
Un sonido lo sacó de su trance. El teléfono estaba sonando. Intentó localizar el sonido y se dirigió a la cama. Entre las sábanas, el aparato emitía luces a ritmo constante.
Luego de presionar un botón llevó el auricular al oído.
- Tendrás un nuevo trabajo. Paga doble. ¿Aceptas?
Las últimas contrataciones siempre habían sido así. No eran como de costumbre. Entre el grupo, siempre se contactaban para irrumpir los servidores objetivo, pero alguien con nombre pedía el trabajo, nunca se hacían las cosas a ciegas. Desde hacía un tiempo las cosas estaban cambiando. Había mucho dinero pero no se sabía quien lo pagaba. No parecía importar. Quizá era tiempo de que alguien le diera importancia.
- Acepto.
- Tendrás los detalles en dos semanas.
La comunicación terminó. Era tiempo de que a alguien le importara lo que estaba pasando. Pero quizá no sería él.

miércoles, septiembre 12

Despierta

La última frase en el monitor había sido “hasta mañana” y justo cuando abrí los ojos, se desplegó la ventana del mensajero en la pantalla saludando con un “buenos días” seguido de un pequeño dibujo animado.
Sonreí pensando en las casualidades, como si pudieran existir y me levanté para acercarme al teclado respondiendo “acabo de levantarme…”. Un mensaje críptico que resumía un “yo también” apareció de inmediato.

La idea era mantenerse en contacto todo el tiempo. Una serie de alertas de sonido podían despertarme en caso de que fuera necesario. Casi nunca lo era. Llevábamos casi tres semanas de la misma manera, probando una serie de programas de anonimato en la red. Nuestro “Hunter” había dedicado una semana completa en nosotros dos sin poder ubicarnos y sentíamos que podíamos llegar al tiempo límite con éxito.
“No te has desconectado en ningún momento, ¿verdad?” preguntó con sus palabras sintéticas Thais, a lo que respondí con un rápido “no” en el teclado.
Tenía que verificar mis rastros, cosa que no me llevaría mas que un par de minutos. El programa que Thais y yo habíamos construido y que ahora utilizábamos para escapar de nuestro Hunter hacía necesaria una serie de limpieza cada 24 horas, cuatro veces más que los utilizados por los otros. Nos sentíamos orgullosos de eso.
“¿Terminaste de limpiar?”
“Síp” contesté de inmediato.

“Escaneo”.
“OK”.
Thais era el scanner del equipo, la encargada de detectar a nuestro Hunter. En los últimos tres días estuvo cerca de nosotros, pero todavía no representaba una amenaza. En seis horas más habríamos pasado la prueba.
Coloqué la bolsa de golosinas a un lado del teclado y la gaseosa. Mi desayuno. Thais y yo debíamos movernos de forma aleatoria por 200 servidores cada día, solo se trataba de entrar y salir, sin dejar rastro alguno. Así lo habíamos hecho hasta hoy.

“Me enteré de algo” interrumpió Thais cuando salía del Server de una empresa de biocombustible.
“¿Ajá, qué?”.
“El target al que nos dirigirán”.
Tardé unos segundos antes de responder esto último. Se suponía que no podíamos conocer los
objetivos sino hasta pasar los preparativos. Éramos el cuarto equipo de seis que habían trabajado en el último mes en el training, y en ese mismo sentido, solo otro equipo había llegado tan lejos como nosotros.
“Lo que sea, no debemos adelantarnos”.

Thais cambió el color de letra en ese momento a un amarillo que casi no podía leerse en pantalla.
“Podemos entrar antes de que nos lo pidan”.
Yo conocía las implicaciones de no seguir el método, así que decidí no seguirle el juego.
“Es mejor que esperemos. Sigue escaneando, no nos descuides”.
Thais no respondió y seguí trabajando.

Luego de unas horas me di cuenta que solo nos quedaban 55 minutos antes de cumplir nuestro objetivo. Hice una nueva limpieza para evitar una sorpresa de último minuto. Me recliné sobre el sillón, y dormí.

+ + + +

Un intenso bipeo me despertó de improviso. Vi la pantalla llena de mensajes de Thais. Tenía quizá unos cinco minutos llamando por el mensajero. Voltee al reloj. Me había quedado dormido más de 40 minutos.
Traté de leer los últimos mensajes. Eran inconexos. Quise entender lo que pasaba y leí varias veces su textos, crípticos como siempre. Decía que había entrado al Server de Hexagesa y que no había podido mantenerse en el escaneo, por lo que no había notado que el Hunter nos
tenía el ojo puesto y que parecía había identificado una línea de código de nuestro programa y que ahora estaba atrapada entre el servidor de Hexa y el Hunter.
Luego, la ventana estaba llena de mensajes como “¿te has quedado dormido? Despierta, despierta, despierta” repetidos múltiples veces para hacer sonar las alertas de sonido.
Revisé el programa, no entendía cómo nos había alcanzado. Hacía menos de una hora había realizado la segunda limpieza.
Quizá ese había sido el descuido. Aunque el programa deja rastros prácticamente nulos, al limpiar, no solo elimina nuestras huellas, es como un antibiótico que no solo elimina al agente infeccioso, sino también a los glóbulos blancos.
Mientras realizaba un escaneo para tratar de evadir al hunter, recordé a Hexagesa. Rápidamente busqué en nuestra lista. Ese Server no estaba entre nuestros objetiv
os de prueba.
“¿Qué hacías en Hexagesa?” pregunté a Thais que seguía colocando en la ventana del mensajero repetidamente “despierta, despierta, despierta”.
Luego de una pausa, respondió.
“Es nuestro target”. En ese momento, desee que no estuviera del otro lado del mundo frente a cuatro ordenadores, sino tan solo a unos metros para patearla hasta cansarme.
“Te dije que no debíamos precipitarnos”.
Teníamos pocas opciones y solo estábamos a nueve minutos de lograr el tiempo meta.
“Lanza el Ghost”.
Esa era nuestra última opción contra el Hunter. Un programa que dejaba una serie de rastros sobre nuestras rutas y abría varias vías de escape al mismo tiempo. Como lanzar una caja de ratas a un laberinto. Un distractor. Esperábamos sirviera de algo.
Estuvimos trabajando cinco minutos y cuando creíamos haber evadido al Hunter, detecté un acercamiento, esta vez más peligroso de nuestro perseguidor.
“No vamos a lograrlo”. Thais parecía desesperada.
“Eres una estúpida. Luego me encargaré de ti”.

En ese momento se me ocurrió una sola cosa.
“Thais, quema el programa”.
Su pantalla no emitió ningún nuevo mensaje. Estábamos a tres minutos y lo que proponía era estacionar nuestro código en un punto para que fuera detectado por el Hunter. Exponernos.
“Nos va a atrapar”.
“No si lo atrapamos primero”.
Le propuse colocar el programa en uno de los servidores de Hexagesa, en posición vulnerable y con un rastro hacia ambos.
Mientras ella lo hacía, abrí el código del Ghost, esperaba que funcionase.
Busqué con el esacaneo al Hunter, nos había seguido de un servidor en Suiza a uno en Brazil, luego a otro en Japón, al siguiente en España y en unos segundos captaría nuestro enlace en México.
En ese instante lancé el Ghost. El programa se ejecutó de forma simultánea en nuestros servidores. La pantalla se llenó de líneas que mostraban la trayectoria del Hunter. Estaba usando un programa similar al nuestro pero menos complejo. La modificación a nue
stro distractor tenía como objetivo alcanzar el origen del cazador.
En el reloj quedaban 60 segundos. Un cuadro de diálogo rojo apareció en la pantalla. Lo había encontrado. Ejecuté una secuencia en el teclado. Una serie de comandos aparecieron recorriendo de abajo hacia arriba con sus letras verdes la pantalla del ordenador. Cuando la pantalla se detuvo, realicé un nuevo escaneo.
El Hunter había llegado hasta nuestro servidor central de enlace pero no había tenido tiempo de identificarnos. Justo cuando en el reloj se extinguían los últimos 10 segundos, debía estar observado la pantalla de sus ordenadores con el código corrupto apareciendo, eliminando su presencia de la red.
“Desapareció”. Era un nuevo mensaje de Thais.
“Mueve el programa de inmediato”. Así lo hizo. Luego la limpieza y estábamos fuera. Sin haber dejado rastro en los sitios que habíamos irrumpido.

“¿Lo logramos?”
“Así parece”. Thais había dejado de escribir con su lenguaje resumido. Ahora lo hacía usando todas las letras del alfabeto para comunicarse.
“Pensé que iba a atraparnos. Eres bueno, Arian”.
“Deja de decir tonterías. Casi pierdo esos 10 millones por tu insensatez. Espero que no te comportes igual cuando tengamos que atacar nuestro target”.
“No te preocupes”.
Las últimas palabras de Thais no me reconfortaban. Pero ahora solo tenía que esperar unos minutos para recibir la llamada que confirmaba la primer transferencia de 2 millones y después, las instrucciones para nuestro objetivo.
Me recosté de nuevo sobre el sillón, estaba pensando en descansar finalmente después de tres semanas de dormir a medias, de vigilancia en línea, de cubrir nuestros pasos. Estaba exhausto, pero contento. Nunca se había hecho una prueba como esta. Y nosotros la habíamos pasado.
Me pregunté por que Thais había dejado de escribir con su forma sintética justo en ese momento. Mis ojos empezaban a cerrarse por fin para descansar, cuando un cuadro rojo apareció en mi pantalla.
“ARIAN, HAS SIDO CAZADO”.

Era el mensajero de Thais. El móvil sonó en ese instante. La voz femenina habló sin expresión.
- Thais fue eliminada por el Hunter hace 30 minutos, pero usted aún puede optar por la misión. Se han transferido dos millones a una cuenta a su nombre. En tres días recibirá por este medio su target final.
Estaba confundido. Si Thais había sido alcanzada por el cazador, ¿porqué tenía aquel mensaje en la pantalla?

- Acabo de recibir un mensaje que parece del Hunter, ¿qué pasa aquí?
- Lamentamos cualquier confusión – agregó la voz en el teléfono – Una diferencia de segundos en los servidores ha confundido al Hunter. Usted ha pasado la prueba. Por favor, elimine sus enlaces hasta nuevo aviso.
La voz se apagó en el móvil. Aún sin saber exactamente qué había pasado, me levanté del sillón y arranqué un cable de la pared para apagar todo en aquel instante. Cuando caí en la cama, sonreí, pensando en la precipitación de Thais al entrar a Hexagesa, pensando que después de todo, el Hunter hubiera podido haberme hecho un favor.

lunes, septiembre 10

Ay tiempo canijo que pasas tan de volada

Me doy cuenta que en cosa de nada, este año se habrá ido tal como los demás. Con sus avances y retrocesos, sus baches, topes, subidas y bajadas. Me doy cuenta en este momento por que falta menos de un mes para mi "cumpleaños", el cual a causa del trabajo quizá esta vez no sea celebrado. Es lo de menos.
A lo que voy es que a estas alturas el año ya se ha ido casi por completo y yo soy de los que hacen sus recuentos. Tengo la tentación de empezar a hacer uno... pero mejor no. Mejor me aguanto. Los tres meses por venir aún pueden traer muchas sorpresas y no quiero adelantarme.
(Aquí sonrío para mí mismo...)
Seguiré con lo mío, poco o mucho. Viene un caminito empinado antes de un placentero descenso.
Próxima parada: El Futuro. El panorama luce bien.

P.D. Como decía el tío Pablo: "Y que venga el futuro".