martes, febrero 23
Postal de una ciudad en llamas
Estoy esperando el momento en que empezaremos a arder.
No creo que sobrevivamos a las bugambilias
que se sostienen en las ramas, aún.
Apenas hemos salido librados esa vez
para irnos con las mejores opciones de la depravación.
En cambio, sobre la ciudad atardece
y el aura febril cubre igual a santos y demonios
que siguen batallando.
Tú también has sido una tarde ardiente,
la idea de un vestido de manta que no he comprado
y se te vería tan bien
mientras conjuras el desastre.
(En esta ciudad cercada por sus llamas
vos podrías caminar como una lengua de agua
disolviendo el nácar.)
La vida como esa pausa antes del fin del mundo
viendo películas ante un televisor viejo.
Y las brasas de las que no puede escaparse,
la plácida y ardiente certeza.
Nosotros también atardecemos
y nos volvemos sequía,
labios quebrados que esperan el agua
para florecer.
Apunto al cielo
como un árbol acusador mientras espera el fuego.
Te entrego la última bugambilia como un beso.
miércoles, enero 13
Revuelta
Caminar hacia atrás, dicen,
para intentar devolver el tiempo al lugar
del que no debió moverse
-si tan sólo pudiéramos tomarle por las solapas,
castigarle como a un niño y enviarlo al rincón,
obligarlo, por las buenas o malas, a obedecer-.
Ver que las paredes se alejan
con las silenciosas telarañas que ribetean los paisajes
de recuerdos -y profecías autocumplidas-.
Disfrutar del silencio,
silencio navaja rasgando las cortinas,
silencio detonando sus cargas mudas hacia el cielo,
silencio barrera elevándose con sus tabiques de papel.
Atravesar la luz
en el más arriesgado experimento
-hacer que tus partículas y las mías
roten incesantemente hasta crear un campo de cerezos
firmemente arraigado a la inconsistencia de la respiración-
y ver, al final del proceso que siempre se ha evitado
cómo se genera una historia igual a todas:
mismos pasajes, mismos odios,
trajes a la medida para los lugares siempre encontrados,
lágrimas rodando al sur
inevitables
para dejar trozos de su integridad
en cada alambre de púas impuesto
ante cada una de las fronteras que más allá de hoy
se encuentran.
Suponerlo todo
-como si las líneas de la mano
estuvieran carentes de suposiciones-
y adivinar
(la clarividencia sólo llega cuando es más inoportuna)
a la conclusión que nos arranca una cruel sonrisa:
todo esto ha de perecer.
Caminar hacia atrás
-velocidades de vorágine
si se las compara con el estallido del universo-
y volver a tomar los mismos tranvías,
comprar los tickets para peliculas de finales previsibles,
dejar caer los vasos una vez más
al pie de cada una de las mesas.
Caminar hacia atrás, volver el tiempo,
y dirigirnos con prisa
-como siempre-
hacia el irresistible
-porque la desgracia como la felicidad
tienen una inherente fuerza de atracción-
mañana.
domingo, febrero 6
Libros: Darkover III, La herencia de los Hastur
La edición de Byblos comienza con "El sol sangriento", una novela que abre para los lectores que desconozcan la saga, el universo de Darkover de la escritora Marion Zimmer Bradley; le sigue "La espada encantada", un relato más breve que el del primer volumen y que permite al lector terminar de empaparse del misticismo, universo y detalles de Darkover.
Si el lector ha persistido y llegado a "La herencia de los Hastur", el goce de la lectura es pleno y uno se puede permitir que la historia nos atraiga hasta sus hilos más delicados.
Después de leer estos tres primeros tomos puedo decir que Darkover es una saga que cualquier amante de la ciencia ficción y la fantasía debe leer.
Historia
"Darkover III: La herencia de los Hastur" está considerada como una de las narraciones más elaboradas del universo Darkover de Bradley y tiene muchos motivos para ello.
Mientras en "El sol sangriento" conocemos la mitología alrededor de la ciencia de las piedras estelares y los tabúes que la acompañan y en "La espada encantada" nos dejamos conducir hacia la aventura que se puede desarrollar en el planeta Darkover, con "La herencia de los Hastur" nos involucramos en el desarrollo psicológico de los personajes como génesis del conflicto.
"La herencia de los Hastur" inicia con la llegada de Lewis Alton, heredero del Dominio Alton (y el temible don telepático de esta familia) a Thendara.
En el camino, Lord Lewis se encontrará con el joven Regis Hastur, heredero de los Hastur, la familia en el "poder" dentro del Comyn.
La historia nos será narrada justamente por estos dos personajes que deberán enfrentarse a los deberes y obligaciones (al destino, pues) que su don y casta les han preparado.
Un tercer personaje completa el repertorio de protagonistas, se trata de Danilo Syrtis, un joven campesino protegido de los Alton que ingresa a la Guardia del Comyn como cadete.
En la primera parte de la historia nos encontraremos con algunos personajes conocidos como Kennard Alton, que ya aparece en "El sol sangriento", ahora con una edad muy avanzada y aunque limitado físicamente, lo vemos en pleno uso de su laran e influencia dentro del Comyn.
También nos encontramos con Danvas Hastur, regente del Dominio Hastur, cabeza en el poder dentro del Concejo del Comyn.
Las referencias a historias y personajes del pasado nos permiten comprender por qué la disposición de la edición en castellano de Darkover parte de "El sol sangriento", por lo que debemos ceder el derecho al atino por parte de los editores de Byblos.
En fin.
Los conflictos diplomáticos en Thendara entre los terranos y el Comyn obligan a Lew Alton a partir hacia Aldarán para investigar el posible contrabando de armas terranas (desintegradores) a pobladores de Darkover. Lew, apenas un joven, se ve orillado a emprender la misión diplomática ante el debilitamiento físico de Kennard Alton, su padre.
Lew tiene que luchar contra sus deseos, contra el rencor que siente por su padre quien lo obligó a seguir el destino de los Comyn y contra su propia idea del laran.
En tanto, Regis Hastur, inconforme por no haber desarrollado el don telepático, busca romper el lazo que lo une con el Comyn y con su herencia Hastur, sin embargo, su abuelo, el regente Danvas Hastur logra un acuerdo con él para que ingrese a la academia de cadetes en la Guardia del Comyn.
Durante su paso por el entrenamiento, Regis descubrirá no sólo que sí cuenta con cierto laran sino, además, sus sentimientos sobre sí mismo, que lo enfrentarán con una sexualidad reprimida.
Por su parte, Danilo Syrtis entabla fuerte amistad con Regis hasta que es sacado de la Guardia tras haber retado al maestro, Lord Ardais, sobre quien pesan acusaciones por hostigar a los jóvenes cadetes para saciar sus impulsos.
La salida deshonrosa de Danilo, el descubrimiento del laran de Regis, el descubrimiento de Lew en Aldarán de un plan para colocar a Darkover como un planeta independiente del Imperio Terrano, serán los elementos que desaten un intenso conflicto interno en cada uno de los personajes mientras todos, al mismo tiempo, luchan por sostener una tradición y destino que a la vez detestan.
El deseo contra la obligación, el amor contra la tradición, la conciencia contra la responsabilidad, serán enfrentamientos psicológicos que deberá sufrir cada uno de los personajes antes de lograr cualquier cosa que tenga que ver con su propio destino.
Comentarios
Bradley logra con "La herencia de los Hastur" combinar los hechos con su causante principal, los sentimientos de los personajes. Las luchas internas de los protagonistas son vitales para entender la sucesión de eventos que se nos describen.
En esta tercera novela, la ambivalencia psicológica a causa de la negación de la propia identidad sexual forma parte del conflicto principal o, mejor dicho, del detonante de dicho conflicto.
Los deseos y ambiciones personales contrapuestos a la educación, formación y deber, que son situaciones comunes en el desarrollo del individuo, se extrapolan en "La herencia de los Hastur" a través de los integrantes del Comyn.
Es el tratamiento que Bradley decide darle a los personajes lo que reviste de un doble valor a esta historia.
En lo personal, después de haber viajado a través de Darkover con estos tres primeros tomos, comprendo lo mucho que hay todavía por descubrir en la saga.
Darkover, con sus decenas de publicaciones, inflinge en el lector una necesidad narrativa. Bradley cuenta con historias que si bien parecen no muy complejas en su superficie, lo son en otros niveles.
La escritora nos sumerge en las motivaciones de sus personajes, no son estos simples mecanismos de acción para la historia sino entes vivientes que nos transmiten los sentimientos que los empujan a la acción. Algo así, sencillamente, se agradece al pasar la última página del libro.
Para los amantes de una ciencia ficción más purista o una fantasía más "refinada" en términos de mitología interna y autoreferencia, quizá Darkover no merezca demasiado la pena; sin embargo, para quienes aspiren a narrar historias similares, este tipo de tratamiento e historia puede resultar edificante.
Sencillamente, hay que seguir leyendo.
viernes, febrero 4
Libros: Darkover II, La espada encantada
La saga, considerada como la más importante de la ciencia ficción y fantasía de los 60's y 70's, cuasi sucesora de la tradición literaria de la ficción fantástica después de la Fundación de Asimov, se nos presenta como una elaborada narración donde los personajes mantienen una constante lucha psicológica entre lo que son, lo que deben ser y lo que, finalmente, llegan a ser.
En "Darkover II: La espada encantada" nos encontramos con una narración que quizá sea ideal para que cualquier aficionado a la ciencia ficción se sumerja en el universo creado por Zimmer Bradley.
Historia
"La espada encantada" es, dentro de la cronología de Darkover, una historia previa a "El sol sangriento". En este tomo nos encontramos con tres personajes tan diferentes como importantes para entender -o adentrarnos sin obstáculos- en los conceptos y vericuetos de la saga Darkover.
En primer lugar nos hallamos ante Andrew Carr, un terrano común y corriente, aventurero del espacio que da un giro a su vida al descubrir, en la visión de una adivina, el rostro de Calista, una de las leronis, Celadora de una de las torres que manejan la ciencia de las piedras matriz de Darkover.
Calista ha sido secuestrada de la fortaleza familiar de Armida por el pueblo-gato y nadie sabe a ciencia cierta cual es el objetivo de los captores. Aunque Calista es una leronis, una telépata con grandes cualidades, nisiquiera su hermana melliza Ellemir logra hacer contacto con ella.
Damon Ridenow, un lord del Comyn dotado con un potente "laran" decide emprender la búsqueda de Calista y rescatarla del pueblo-gato, pero, ¿cómo?
Es entonces cuando todos los personajes se enlazan.
Calista, desde su cautiverio, es capaz de encontrar a Andrew Carr, un terrano que, pese a no pertenecer al Comyn, cuenta con un poderoso don telepático, laran; el terrícola logra con la ayuda de lord Damon despertar su laran plenamente y juntos establecer un plan para localizar a la leronis secuestrada.
Sin embargo, ¿cómo logra el pueblo-gato mantener a una leronis cautiva? ¿qué poder oculto permite a las brujas-gato actuar a sus anchas, ocultándose incluso de la vigilancia de los telépatas del Comyn? ¿cómo podrán, finalmente, localizar a Calista cuando nadie salvo Andrew puede contactar con ella de forma telepática?
Todas estas preguntas se irán respondiendo a lo largo de una rápida y bien tramada historia narrada por Bradley conduciéndonos a escenas de combate mientras conocemos a pocos pero bien confeccionados personajes con los que podemos llegar a lograr empatía.
Comentarios
Para el interesado en ingresar al universo Darkover, sin duda que "La espada encantada" debería ser el libro ideal. Se trata de una historia breve pero bien elaborada, que nos presenta sin muchas complicaciones los elementos básicos de la saga, desde la ética ineludible de la casta telapática hasta el choque cultural entre darkovanos y terranos.
A diferencia de "El sol sangriento" o "La herencia de los Hastur" (primer y tercer tomo de la edición de Byblos, 2007), "La espada encantada" mantiene en un nivel más modesto el conflicto psicológico de los personajes para centrarse en la resolución del conflicto más evidente.
La historia, al final, anima al lector a seguir conociendo sobre el universo Darkover y lo prepara para tramas más elaboradas como las que logró Bradley con libros de la misma saga.
En una siguiente recomendación trataré el tercer tomo de la edición de Byblos, "La herencia de los Hastur", considerado como el libro más elaborado y complejo de Bradley dentro de la saga Darkover.
Como adelanto, puedo decir que destaca en el tercer tomo el desarrollo del conflicto interno del personaje y es, de hecho, este detalle el que nos permite comprender el impulso y la sucesión de hechos a lo largo de la narración.
jueves, febrero 3
Libros: Darkover, una saga adictiva
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| Darkover I: El sol sangriento. |
En esta ocasión me referiré al primero de los libros de la edición en castellano que encontré, "Darkover I: El sol sangriento".
Primero hay que mencionar qué es Darkover. Se trata de una saga de ciencia ficción y fantasía de la escritora Marion Zimmer Bradley. La historia básica de la saga -creo- se desarrolla en el planeta Darkover, habitado por una raza similar a los humanos pero entre la que destaca una "casta", los Comyn, que se caracterizan por el cabello rojo y que cuenta con poderes telepáticos, los cuales a su vez se dividen en distintos dones o "laran" dependiendo de la familia de la que provengan.
El conflicto de la saga se desata por la llegada de los terranos (terráqueos o terrícolas) a Darkover, los humanos que forman parte de un Imperio que busca imponer, vaya, una forma de vida a través de la difusión de la tecnología.
De esta forma, los darkovanos deberán resistir el choque cultural con los terranos en un intento de preservar su forma de vida, que no por carecer de tecnología, está exenta de ciencia.
De hecho, existe una ciencia, la ciencia de los cristales matriz (o piedras estelares), que es desarrollada por los Comyn gracias a sus dones "laran".
Suficiente, vayamos con El sol sangriento.
Historia
El sol sangriento, pese a ser el primer libro de la edición castellana que encontré, es a su vez una de las últimas historias escritas por Bradley sobre Darkover.
La historia narra la forma en que un terrano, Jeff Kerwin, descubre su ascendencia darkovana. El hombre buscará volver a su planet madre, Darkover, para averiguar sobre su pasado y, de ser posible, dar con sus padres.
Sin embargo, conforme empieza a hallar respuestas a sus dudas, sólo descubre nuevas preguntas que parecen no tener solución. Pronto se verá perseguido por el Imperio, rescatado por el Comyn y aceptado como uno de ellos, para finalmente descubrirse como un traidor que necesita, a toda costa, salvar lo que queda del Comyn y su legado.
El tortuoso pasado de los padres de Kerwin y la idea de repetirlo, así como las dudas que Auster, uno de los Comyn, lo llevarán a cada momento no sólo a desarrollar su "laran" sino también a descubrir que una complicada y bien planeada trampa para erradicar la ciencia de los cristales matriz de Darkover plantada por el Imperio terrano.
Comentarios
La diversidad del lenguaje darkovano llena los párrafos de El sol sangriento. A lo largo de la novela, el lector se encontrará con decenas de referencias a historias anteriores así como el uso constante de términos propios de la saga.
Quizá el exceso de referentes y de palabras que sólo tienen sentido dentro del contexto de la historia pueden desanimar a un lector poco paciente pero, si se persiste, se hallará no sólo el significado oculto de las palabras sino también el disfrute de la historia.
Pese a ser una novela de ciencia ficción con grandes dosis de épica fantástica, no hallamos en "Darkover I: El sol sangriento" algunos elementos que nos resultarán "clásicos" como las luchas de espadas o las batallas intergalácticas.
Por el contrario, la historia de El sol sangriento se desarrolla sutil pero ágilmente, dando forma a un argumento que es más complejo de lo que se podría apreciar al principio.
Quizá podrían notarse algunos cabos sueltos -yo, al menos, tendría queja de uno, aunque podría deberse a la distracción-, pero en términos generales la novela es "redonda", si es que aplica la palabra.
una vez finaliza la historia principal nos hallamos con una pequeña historia alternativa sobre las amazonas o Mujeres Libres, que lo único que provoca en el lector es ansiedad por conocer más de ese nuevo hilo, lo cual obligará a buscar la saga o época de Las renunciantes, conformada por tres textos (La cadena rota, La casa de Thendara y Ciudad de brujería) que espero alguna ocasión hallar en su edición castellana.
En la edición con la que cuento (Byblos, 2007), el siguiente tomo es "Darkover II: La espada encantada" que ya he terminado de leer y del cual comentaré en un artículo posterior.
Como comentario final, Darkover es sin duda una saga recomendada para los aficionados a la ciencia ficción y a la fantasía. Cuenta con una historia central compleja, llena de elementos que permiten conocer un mundo con su propio folclor, con una casta (los Comyn) que cuentan con un elaborado y estricto código de conducta que los vuelve no sólo intrigantes sino admirables, así como con un conflicto propio (la lucha cultural y tecnológico darkovanos-terranos) que intensifica los elementos de la historia.
La narración cuenta con variados elementos sexuales y, antes de que lo olvide, es singular el papel que los personajes femeninos juegan en la historia, no sólo como catalizadores o detonadores del conflicto, sino como verdaderos ejes de la narración, sin contar que es una mujer el personaje de más alto rango que pueda existir entre la cultura darkovana de la que Bradley habla en la saga.
Sin duda, Darkover es más que recomendable.
martes, febrero 1
¿Quienes somos?
¿Quién soy yo, si no la suma de una serie de acertijos previamente resueltos,
la silueta adivinada en el umbral traspuesto, la vuelta de tuerca que a nadie incomoda,
quién, si no una lista de reproducción que ni por aleatoria deja de ser perfectamente conocida,
el hombre con los cimientos de barro y el mundo incompleto a sus pies,
la pregunta constante que no lleva a ningún lugar,
una más de las misteriosas obras con propósito desconocido?
¿Quién soy yo, si no un montón de sueños acomodados en viñetas multicolores,
la inconstancia personalizada y los proyectos perpetuados como inconclusos,
quién, si no mis libros inéditos y mis fracasos publicados,
quién, si no los errores que han de echarme en cara,
quién, si no los triunfos inalcanzados y los aniversarios venideros,
o las agrietadas calles por las que hago camino,
o los menús inventados para banquetes sin fecha,
o los esfuerzos robados a los estantes de oferta,
quién, si no también, los enemigos formados a la puerta de mi casa,
y los amigos que se hacen familia,
y el llanto silencioso que se aleja y se duerme,
y las casualidades que carecen de azar,
y los trabajos de autómata sin baterías?
¿Quién soy yo, si no el monstruo agazapado tras la somnolencia,
quién, si no el incongruente con manual de instrucciones,
quién soy yo, si no mis contradicciones cotidianas,
mis uñas crecidas y llenas de secretos,
mis despertares a días de esperas colgadas al nocturno,
mis películas favoritas aún por filmarse,
mis malas noticias asomando por el comedor?
¿Quiénes somos, si no simples espejos de lo que hemos decidido hacer uno del otro y nada más?
lunes, agosto 2
I want you...
Me gusta cómo esa cascada de acordes cae, cómo el mareo se levanta en cada eco (artificios de droga que resuena en los oídos) y dice todo lo que es necesario decir. Me gusta saber que he podido descifrar (sin estudios teóricos de por medio) el filo exacto de las tijeras para seccionar las supercuerdas, acelerando el paso sobre una banda de Moëbius, con un pecado perfecto para la celebración que viene. Y suspirar, como siempre, en el momento indicado. Me gusta esa cascada. Ese caer de siempre que exige poseer. Te.
lunes, junio 7
Una pieza suelta
y suspicacia, es –son– estos ojos
que se cierran.
Luis Daniel Pulido.
con sus citas fantasmales de atadura cibernética.
Rompí la máxima de no brindarte minucias
y en la construcción de un universo sin fronteras
atajé vacío con las manos.
[Yo, siempre con el fanatismo por las sonrisas de encaje
y su instinto criminal goteando,
las distancias abiertas para dejar caer las incidencias,
el preámbulo, la presentación, el sueño...]
Venimos para escribir las instrucciones
de un ritual que empieza con manos entrelazadas,
caminamos para descifrar los mecanismos de la costumbre
ante la aparición de las tazas de café.
[Caudal de constelaciones -de invocaciones
y de resueltas trampas-,
lamer los sobres para enviar mensajes
y agitar las zarzas, divertir a los titiriteros
con nuestros juegos -nunca hemos de envejecer
ni sujetarnos, del todo, a los convencionalismos,
a los contratos, a las mentiras-].
Amar las definiciones que se escriben
y rasgan el papel con la afilada punta de un lápiz
humedecido en profética saliva.
Todo.
Y héroes de una saga circular,
y villanos aparecidos en el sitio exacto,
y todo somos,
cabezas mirando hacia el verdugo,
redentores negándose al exhilio de las verdades,
bailarines quebrantando el ritmo natural de las estrellas.
Todo. Tan poco que cabe en una cáscara de nuez
y es tu ofrenda para el resto de nuestros días.
sábado, mayo 29
Home, sweet, home...
Echando la mirada a lo largo del pasillo, por un instante, parecía que el camino fuera interminable.
Usó el dedo meñique para, como era costumbre, echarse el mechón de cabello castaño detrás de la oreja. Extrañó, por un instante, que no hubiera alguien para verla hacer aquel movimiento.
Mientras inspeccionaba por tercera o cuarta vez el camino, se preguntó de dónde venía la luz que iluminaba las paredes y se reflejaba en el piso marmoleado. Parecía como si una cenefa luminosa recorriera, más o menos a la altura de su cintura, ambas paredes. Dos líneas paralelas de luz tan tenue que los ojos, a veces, se creían engañados y buscaban el origen de la claridad en otro punto.
Le encantó el efecto. Era un poco mágico. Como cuando se ve una fuente luminosa en un sueño y uno no alcanza a definirla. Como encontrarse, justo en una escena onírica, una bombilla eléctrica encendida y sentir, pese a todo, que el haz viene de otro punto.
Volvió a sonreír. Ahora se apartó el mechón de cabello que caía del lado derecho del rostro. ¿Por qué no podía haber alguien que la observara? Había escuchado tantas veces un halago cuando emprendía es gesto, inequívoco, delator de su identidad.
Suspiró. Fue un suspiro corto y desviando la mirada hacia la pulida superficie bajo sus pies. Cuando volvió a alzar la vista, más consciente de su situación, sonrió (aunque en realidad, sus labios sólo se tensaron para formar una cicatriz en medio de su rostro, pues la sonrisa no era sincera).
Volteó hacia atrás y la imagen, aunque extraña, no le era desconocida. Inclinando un poco la cabeza hacia la derecha, frunciendo el entrecejo ligeramente, decidió lo que había de hacer.
Con el meñique de la izquierda, se colocó el rebelde mechón de pelo tras la oreja y empezó a caminar por el largo pasillo, todavía indecisa entre sonreír o no, sin volver ni una vez más la mirada a su abandonado cuerpo.
martes, abril 27
New Monster
Nosotros, fanáticos de las sonrisas frente al espejo
-ensayo sin reflexión,
cuando hemos sido desde siempre maestros del mal-.
A las calles a punto de derretirse
lanzamos el escupitajo que se evapora antes de tocar el suelo.
Con sellos de manos avanzamos hacia las invocaciones.
Desde ayer
-quizá desde antes-
nuestro engendro favorito
-el que trajo a tu amante mítico-
ha empezado a hablar, apenas con un susurro
y teje su historia (la que sólo él atestiguó de principio a fin)
en los lugares que sirven para refugiarme de la erupción solar.
A ratos
-después de los fugaces ensayos ante los reflejos de las ventanas-
me pregunto si la historia terminará de ser contada un día,
si hemos de volver la vista atrás para sonreír,
como siempre,
con la malicia en el brillo de cada diente,
a los que cayeron en la ilusión tejida a cuatro manos.
(Ni poesía ni declaraciones a medias,
cada felicitación está prevista,
cada sismo insensible,
cada fractal...).
Y, mientras la mezcla queda lista del todo,
ante el ejército de zombies que ha de pararse en el camino
-ya hemos de llamar a cuentas a nuestro poeta favorito
para que sea él quien encabece esta batalla sin cuarteles-,
con la sonrisa del monstruo como espada,
avanzamos.
domingo, marzo 14
Mood
Ruido y desvelo.
Ruido y bebidas.
Ruido y madrugada.
Madrugada como trozos de cristal.
Rompecabezas.
(Las instrucciones están en un folleto,
ábrelo por la mitad y canta).
El auto de neumáticos gastados
y ojos torcidos
partiendo la calle con su ronroneo,
esquivando los retenes
-los abismos circulares
(o eran acaso laberintos profundos ¿?)-.
Ruido.
Ruido de día.
Día como navajas rampantes:
más bebidas,
como cansancio burbujeante y amargo:
caretos en pantallas,
caretas,
la bilocación y bifurcación de los planos
es un arte indomable.
Sonreír.
Olvidar.
Una pantalla negra con letras blancas
repitiendo
(casi ordenando
-casi mensaje subliminal-)
letanías de profeta,
develaciones.
Ruido.
Una nuez cascándose
y dejando descubierto el universo.
Ruido y agua.
Ruido y cabello mojado.
Instrucción: Begin.
Ruido y código críptico desmadejándose desde las uñas.
El cuerpo, un accesorio,
duele, tiene sensaciones diversas
y obedece instrucciones imprecisas
(como el sueño, el hambre y el aburrimiento).
Ruido y metal.
Bruñido, esférico espejo de aliento.
Ruido.
Comando: Start.
Modo multidimensional activado.
viernes, marzo 12
Baile y ronda
Una vez más ante la fogata, en medio del bosque, reunidos todos para desahogar las penas del concilio. Mirad, jóvenes faunos, que la noche de hoy puede ser la última fiesta. Mirad, ancianos centauros, que las alegrías del pasado bien podrían quedar en el olvido después de la guerra. Pero pensado, hermanos míos, que todo objetivo que marque la fortuna para nosotros es para un bien final y a él debemos ajustarnos. Pelear, siempre; perder no está en los planes. Bailemos hoy, que el fuego y el estallido nos esperan mañana.
Palabras de un jefe de aldea después del concilio final.
martes, febrero 16
Caution
Las piezas del rompecabezas son de metal.
Las espadas se afilaron con las piedras del río.
Todo es un círculo.
Los laberintos eléctricos tienen paredes refulgentes y las brújulas se confunden cuando se intenta pasar a través de ellos.
Alguien cambió los muérdagos por carámbanos, y eso, quizá estuvo bien.
Fenómenos meteorológicos que escapaban al entendimiento humanos cayeron en fechas cabalísticas.
Nadie tiene por qué entender los letreros desteñidos.
En un planeta distante, nuestros músculos reaccionan a velocidades maravillosas y los sueños se hacen realidad.
Hay mundos terroríficos, porque en ellos, los sueños se hacen realidad.
Papeles pautados y frutas de cera.
Las piezas del rompecabezas caen de la mesa.
Todas juntas forman una bella canción:
un letrero de advertencia.
jueves, enero 14
Cohete salvavidas
Supongo que tenemos opciones. Supongo que cuando los monitores parpadeen y las sirenas suenen en el puente de mando, sabremos hacia dónde correr para alcanzar las cápsulas salvavidas. Supongo que la fuerza de atracción de los astros más cercanos nos empujarán en una u otra dirección, indistintamente, y poco podremos hacer para decidir el destino de nuestra línea de ingreso a la atmósfera. Supongo que podría estar sonando Ryders in the Sky mientras toda la catástrofe ocurre y cualquiera de nosotros podría sonreír o mirar con incredulidad -incluso, con hartazgo- la sucesión de hechos, el resultado de un caudal de accidentes imprevisibles, que concluye con el impacto de un meteorito en nuestra mágica nave interestelar. Supongo que, incluso en el vacío del hiperespacio, habrá grupos de partículas que transmitan el sonido adecuadamente y que cuando nuestros cohetes de escape empiecen a incendiarse al hacer contacto con la máscara oxigenada de cualquier otro planeta azul, podremos escuchar el fragor de ese incendio impetuoso del salvamento. Supongo, por encima de todas las cosas, supongo, que lo más emocionante será presionar el botón de expulsión.
Push here.
sábado, noviembre 14
Living the Dream....
-¿En verdad eres tan bueno como todos piensan que eres?
-¿En verdad eres tan miserable como todos piensan que eres?
-Solo quiero hacer algo que importe.
-Hum, nada importa, solo somos cucarachas, animales muriendo a la orilla del río, nada que hagamos tiene significado duradero.
-¿Y tú crees que yo soy miserable?
-Si eres infeliz en el avión, ¡solo salta!
-Quiero hacerlo pero… no puedo.
-Es el problema de las metáforas, necesitan de interpretación. ¡Saltar de un avión es estúpido!
-¿Y qué tal si no estoy en un avión, qué tal si estoy en un lugar donde no quiero estar?
-Ese es el otro problema con las metáforas. ¡Sí! ¿Y si en realidad estás en un camión de helados y afuera hay caramelos, flores y vírgenes? ¡Estás en un avión! Todos lo estamos. La vida es peligrosa y complicada y es una larga caída.
-Así que tú temes cambiar
-No, tú temes cambiar. Prefieres imaginar que puedes escapar en lugar de intentarlo, porque si fallas no tendrás nada y renuncias a la oportunidad de algo real para aferrarte a la esperanza, pero, la esperanza es para mariquitas.
-Cuando salga de aquí ya no voy a tener miedo. ¿Cuántos tenemos una segunda oportunidad?
-Muchos, la mitad de los que salvé no merecían otra oportunidad.
-Ahora que tengo la mía, haré las cosas bien, empezaré siendo un mejor padre para ti, y para tu hermana… y...
-Y para tu otra hermana… -silencio-, recitas diálogos de la última temporada…
-Haremos todas las cosas que prometí, sólo ayúdame a salir de esta cama…
Dr.House. 4ª Temporada, capítulo 14: Vive el sueño.
Simplemente, uno de mis favoritos.
jueves, agosto 13
Slide.
Era un bello deslizador. Pensar en todo el tiempo que lo había anhelado y en la forma en que se renovaban, cambiaban, se volvían más rápidos, livianos, eficientes, silenciosos; los diseñadores sumaban aditamentos, comodidades, innovaciones. Y siempre que estaba a punto de decidirse por uno, venía otro mejor, y luego otro, y otro, dificultando su decisión final.
El día que tuvo suerte fue cuando cayeron esos créditos extra. No lo pensó más. Juntó lo ahorrado y se dirigió a la tienda en la que perdía valiosos minutos de cada día observando los modelos recientes. Escogió uno, el que tenía el precio exacto de sus créditos acumulados en varias tarjetas. El vendedor las agotó en unos segundos al ponerlas en la ranura de lectura, una terminal computarizada de un banco realizó la transferencia, otro ordenador la confirmó, un tercero -previas medidas de seguridad- sondeó el origen de cada crédito, hasta el último crédito tenía una historia qué contar y aquellas tarjetas revelaron toda la odisea financiera, hasta que finalmente, y todo esto no llevó más de cinco segundos adicionales, la venta se confirmó.
Cuando grabaron su identidad biométrica en el ordenador de viaje y le explicaron, por rutina pues él conocía de sobra el procedimiento, los primeros pasos para arrancar el vehículo, las palmas de las manos le sudaban de impaciencia.
Un deslizador. No, un aerodeslizador a propulsión iono-magnética. Un complicado artilugio tecnológico que unía varias tecnologías energéticas para generar una sola señal de impulso que elevaba el vehículo de más de 500 kilogramos a 25 centímetros exactos del suelo y mediante la canalización de energía podía lanzar el hermoso bólido a velocidades superiores a las 300 millas por hora. Una obra de arte de todas las ingenierías.
Llevaron la unidad hasta la salida a la calle y el joven se montó en ella. Al poner las manos sobre los controles, el ordenador registró todas las señales de identidad del propietario. En un santiamén, los cuatro procesadores escalados no sólo leyeron los datos y los confirmaron, sino que iniciaron los complejos cálculos para el solo encendido del motor, el monitoreo de factores de presión, corrientes eléctricas y magnéticas, supresión de picos iónicos, eliminación de estática indeseada, etcétera.
Cerca de 100 procesos distintos se realizaron sin errores en poco más de un segundo. El joven lo sabía, había leído lo que implicaba cada uno de los mecanismos del motor. Si tuviera la destreza manual necesaria y el equipo pertinente, podría desarmarlo y reconocer cada una de sus partes para montarla de nuevo en su lugar.
En el panel táctil, estableció la ruta a seguir, el destino y la velocidad deseada de crucero. Aquellas eran simples indicaciones pero, la ventaja de los aerodeslizadores era que, pese a todo, el control lo tenía el usuario.
Accionó con suavidad con la mano derecha la Potencia y el aerodeslizador se movió a gran velocidad devorando los metros de camino y dejando atrás en la lejanía la agencia de vehículos.
¿Cómo debía llamarlo? La unidad se deslizaba con suavidad por las calles, dos de los cuatro ordenadores escalados monitoreaban a través de una conexión de alta velocidad a la red, las condiciones de tráfico para alertar de colisiones; por ello, conducir a más de 100 millas por hora en un aerodeslizador era relativamente seguro.
Pero al joven conductor no le bastaba. Quería más velocidad. En la mente, le pareció buena idea ir hasta los límites de la megaciudad.
Y lo hizo. Se lanzó calles arriba y abajo, rebasando a los vehículos pesados, los familiares, los compactos. Después de todo, tenía un aerodeslizador de última generación y quería lucirlo. Lo hacía ya a 190 millas por hora. Sólo vehía manchones de colores que pasaban a sus lados.
Con el cuerpo replegado sobre los controles, el viento sólo soplaba sobre su espalda. La cara, a buen resguardo por un protector frontal del vehículo le permitía no solo un excelente panorama, sino que desplegaba ante él un panel de visualización con los accidentes del terreno. Parecía que nada podía detenerlo.
Los límites de la megaciudad estaban ahí, a tan solo 30 segundos más. Con 288 millas por hora, remontar las distancias parecía cosa fácil. Siempre había anhelado esa velocidad. Siempre había soñado con montarse en su propio deslizador, Slide, sí, así lo llamaría en adelante. Lo había decidido. Ahorraría unos cuantos créditos más o los pediría prestados, los cambiaría en la primer ciudad del camino por comida y artículos y seguiría rondando, a altas velocidades, con aquel motor que no se consumiría sino en 100 años. Andaría, hasta agotar la última célula de energía.
El acantilado se abría en el horizonte, el visualizador en pantalla lo anunciaba. Un abismo que lucía apetitoso para ser roto por la velocidad. ¿Qué más daba? Podía intentarlo. Había esperado demasiado. Demasiado. Demasiado...
miércoles, julio 22
Enter.
Después de tantos cuentos en torno al mismo tema, solía quedarse pensando en la posibilidad de que toda aquella fantasía fuera, después de todo, real. La teoría que sostenía para sí mismo era que nada que hubiera salid de la mente de un ser humano podía ser del todo real o del todo falso.
En esas cosas pensaba o, mejor dicho, divagaba, cuando la pantalla se apagó. Al percatarse del desperfecto, inclinó un poco la cabeza hacia su derecha tratando de entender lo que ocurría. Quizá, después de tantas horas de trabajo, el monitor hubiera terminado averiándose.
Pero algo había raro en aquel espacio negro frente a sus ojos. Era un pequeño punto luminoso que parpadeaba, un destello que parecía la señal de vida en el computador. Intentó mover el mouse, quizá se tratara del puntero, pero no ocurrió nada en pantalla.
Tipeó rápidamente varias letras en desorden y observó como éstas se reproducían luminosas y formadas por líneas verdes. De pronto, le vino a la mente el recuerdo de aquellas computadoras que conoció de niño: fondo negro, letras verdes; sin imágenes, punteros, formas. Nada, salvo letras.
Inclinó una ceja y golpeó con el índice la tecla Backspace para borrar aquel desorden de caractéres que no formaban ninguna palabra. Intentó recordar los viejos comandos de sistema operativo y cuando tuvo en la mente uno, lo tipeó y golpeó la tecla Enter.
No pasó nada. Ahora, la otra ceja también se había inclinado y ambas parecían estar a punto de juntarse. De su mente desapareció la divagación. Más bien, ahora, intentaba resolver el problema. Quizá había atrapado a algún virus durante sus incursiones a la red.
El parpadeo que estaba justo en el centro de la pantalla cesó y el cuadro luminoso se movió hacia la derecha dejando una estela de letras que, poco a poco, formaron la pregunta "¿Yes / No?"
Cruzó los brazos. Si se trataba de un virus, aceptar podría significar la pérdida de todos los datos de la computadora, si pulsaba una negativa, podría ser que se tratara de una trampa y terminara, también, perdiéndolo todo. Se planteó la posibilidad de apagar todo, desconectar la corriente y ver qué ocurría. Pero su mano empezó a moverse hacia el teclado con la respuesta en la yema de los dedos, repitiéndose en la cabeza una y otra vez.
"Yes".
Oprimió la tecla "Y" y cuando, después de un par de segundos, dejó caer el dedo sobre "Enter", comprendió que era cierto. No todo lo inventado es necesariamente ficción ni la realidad es inobjetable, como siempre había escuchado.
jueves, junio 25
El hombre vacío.
Se dio cuenta de ello tan pronto concluyó el trabajo que le había tomado varios días y sus noches. Dejó caer suavemente las manos sobre los muslos y adoptó una expresión dubitativa. Era como si contemplara la última creación. Y así sería, no habría otra.
No es que lo supiera en ese instante preciso. En realidad, fue tras unos cuantos minutos cuando, sonriendo, se preguntó qué vendría después. Siempre hacía ese rito. Empezar, avanzar como loco hasta terminar la obra y, después, observar lo creado para preguntarse ¿qué es lo siguiente? Alguna idea, una ave en vuelo lejano o una rapaz veloz atravezaba su mente y le dibujaba un rápido boceto de lo que vendría, en efecto, con un poco de trabajo en el futuro. Pero esa vez no vino ninguna idea. Ni la mitad de una. Ni la semilla de una. Era simplemente la nada.
Incluso la pregunta que se había hecho desapareció de su mente luego de darse cuenta de que ninguna idea anidaba en su memoria. La pregunta desapareció como si nunca hubiera estado ahí.
Luego vio los papeles acumulados sobre la mesa y, contrario a la costumbre, no los juntó para releerlos lentamente en algún lugar de la casa. Simplemente los vio como un objeto extraño y su semblante cambió de meditabundo a extrañado. Su cabeza intentaba preguntarse qué eran aquellos papeles pero el cerebro no lograba conectar las palabras para formular aquella cuestión.
Tuvo deseos de levantarse y lo hizo, más automática que conscientemente y caminó hasta la ventana. Afuera lloviznaba y se hubiera preguntado cuánto tiempo llevaba cayendo el agua, pero las palabras no aparecieron en su mente, ni se le dibujo un pensamiento que pudiera referir la melancolía que esa lluvia causaba en su pecho.
Una ligera punzada le atacó el estómago. Era hambre, pero no la reconocía. Sólo tocó con la yema de los dedos el abdomen por encima de la ropa sin entender realmente qué pasaba con su cuerpo. Fue entonces consciente de sus dedos, de sus manos, de sus brazos, de su pecho, de toda aquella masa de músculos y huesos en que se sostenía.
Era una persona, no lo entendía pero un pequeño resplandor de pensamiento se lo avisaba. Sin embargo, su nombre no surgía entre los pliegues del recuerdo. Se habría cuestionado sobre su identidad, pero aquello carecía de importancia porque ningún recuerdo acompañaría al nombre.
Caminó por la sala, atravesó la estancia, vio la puerta. Sus ojos se posaron sobre el picaporte. El cuerpo le temblaba ligeramente y la mano se extendió hacia la perilla como si el músculo supiera qué hacer, pero con los ojos solo podía seguir el movimiento automático de cada parte de su cuerpo en acciones que él no mandaba porque ni siquiera sabía que podía tener control sobre la materia en la que se encontraba contenido.
El frío del viento, la cosquilla de la lluvia alcanzaron su rostro. Sus pies, calzados por unas pantuflas delgadas, avanzaron entre la tierra lodoza. Tan solo después de unos metros, el calzado había quedado atascado y él se alejaba con los ojos abiertos, sin mirar hacia ningún lado porque desconocía que podía mover la cabeza para orientarse, era ajeno al hecho de que sus párpados podían accionarse para limpiar el agua que caía sobre ellos.
Y hubiera respirado, de haberse guardado en algún punto de su mente el recuerdo de hacerlo.
miércoles, mayo 20
Plan de vuelo.
Casius Argante tamborileó los dedos contra el apoyo del brazo, veía con impaciencia desde su silla los inútiles esfuerzos de la tripulación por corregir el rumbo. ¿Qué los había golpeado? No lo sabían, lo único importante eran dos cosas: el casco había soportado el impacto y no había daños estructurales graves, lo otro era que no sabían dónde estaban y debían averiguarlo de inmediato.
jueves, mayo 14
Avatares.
Meditaban, cada uno sentado sobre una roca, sin ver hacia nada en particular. Guardando silencio como lo habían venido haciendo desde hacía varios años. A veces, les llamaba la atención la forma en que un rayo de luz de sol lograba colarse entre el entramado de nubes negras e iluminaba una piedra proyectando una caprichosa sombra. Otras, descubrían un insecto de forma extraña merodeando aquí o allá y dedicaban su atención al movimiento aleatorio de las patas hasta que moría. Otras más, uno miraba la orilla de un charco creado por la pertinaz llovizna mientras el otro cerraba los ojos para autocontemplarse.
No se sabe quién de los dos habló primero y se decidió a romper el silencio, pero en algún momento de la plática las cosas sucedieron de la siguiente manera.
- ...ha pasado mucho tiempo, no creo que funcione.
- Y sin embargo, si funciona, sería divertido. Podríamos variar la rutina. ¿No lo crees?
Elion miró sobre su hombro hasta que alcanzó con la mirada a Fanir.
- ¿Dónde estará Gendar?
- Quízá sentado en alguna roca mirando un rayo de luz caer sobre otra roca.
Elion pensó en la respuesta de Fanir por un instante.
- Deberíamos buscarlo.
- Deberíamos, pero se sabe bien que sólo pueden encontrarse dos avatares y estos, a su vez, no deben hallar a un tercero. O de lo contrario...
- Sí, sí, ya sé. Entonces, ¿qué debemos hacer?
- Empezar nosotros, claro está.
Elion volvió a meditar las palabras de Fanir. El cabello de ella caía sobre su espalda desnuda, si hubiera un poco de luz del sol también vería cómo la mata rubia reflejaba los rayos y podría apreciar mejor la blancura de la piel.
- Los otros se darán cuenta de lo que hemos hecho.
- De eso se trata -replicó Fanir y por primera vez volteó hacia Elion. Era la primera vez que se veían a los ojos en, quizá, unos cien años. Elion no tenía manera de saberlo. Quizá hubiera sido Fanir la que iniciar la plática, aunque eso, Elion solo lo volvió a meditar mucho tiempo después, cuando ella no estaba más a su lado-. Será divertido. Ya lo verás.
Elion suspiró, meditando una vez más la propuesta de Fanir. Pensó en el tiempo, la manera en que afectaba las cosas. Y en la materia y la sutil forma en que odificaba el tiempo. Eran como él y ella, como ellos.
- Habrá avatares que nos odien y otros que nos admiren. Vendrán contra nuestra o a unírsenos. Enviarán a los suyos porque no podemos encontrarnos, o de lo contrario...
- Lo importante es que pase algo. Me he cansado de este deambular por el universo.
- Yo también.
Esta vez, Fanir meditó en las últimas palabras de Elion y empezó a levantarse de la piedra cuando comprendió que la decisión estaba tomada.
Lloviznaba, y el agua había formado algunos charcos. Uno de los pies de Fanir dejó una huella en el lodo mientras se acercaba a Elion. Hacía tanto que no estaban tan cerca.
- ¿Por qué estamos aquí, Fanir?
- No lo sé. Y ellos también se lo preguntarán, cuando se encuentren en nuestra posición.
- Es cierto.
Elion y Fanir se abrazaron. Él recordaba perfectamente la textura de la piel, el olor de su aliento. Deseó entonces luz, y las nubes negras se abrieron para dejar pasar la energía del sol. Fanir a su vez, anheló un lecho y la tierra oscurecida por las guerras destiló los químicos, desapareciéndolos, y brotó la hierba.
Mientras descansaban, sobre la verde pradera, Fanir preguntó:
- ¿Ya habrá notado Gendar lo que hemos hecho?
- Seguramente. Harcus debe estar ya intentando convencerla.
- Seguramente.
- ¿Y ahora?
- ¿Ahora? A jugar, claro está.
Y se acercaron al recién nacido manantial para tomar un poco de tierra y empezar a formar figuras de lodo para insuflarles vida.





