jueves, abril 14

El ansia




Vos eras el ansia de la fruta
cuando se acerca a los labios,
su grito al entregar la carne.

Solo quien hace un barco de papel con un recuerdo
añade a la rutina lo que bajo tu piel es respiro.
Y, ¿quién era yo?

Una hora cualquiera se convierte en escalofrío,
un esperar de mareo
sin posibilidad de devolver una palabra.

Era una rabia.
Odiar como germinando,
un dividirse hasta que el retoño te alcance.

Vos y tu voz que desecaba igual que nos hace la ciudad,
una sola pared por todo laberinto,
la cuesta abajo.

¿Qué había más allá?
La desesperante fortuna como una certeza descorazonadora.

Nos hace tanta falta la amnistía.
Es innecesaria, pero igual hay que chocar las copas
antes del primer sorbo.

Un incensario para purificar,
que también está de más.
Esta bestia en el estómago es cristalina.

La boca que te alcanzaba,
eso era.
Llevando el ansia de la lengua a la entraña.

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