martes, enero 27

Te quiero ver con otros ojos.

Mis ojos no me sirven. Te miran como simples ojos humanos.
Están rotos. Oxidados.
Quisiera tener ojos con un zoom 20x
o con rayos equis,
o con un resorte para espiar
desde el punto de vista de tus zapatos.
Tener unos ojos de cámara reflex
y disparar fotos a tu lado,
arriba, de frente:
click, click, click, ...click.
Cosas raras como esa.
A veces, tan simple como suena,
quisiera no tener ojos...
para verte solo con las manos.

jueves, enero 22

Para ganar.

Ya sé.
Propondré una novela que narre los hechos que ocurren en un poblado indígena de la región Altos de Chiapas donde Juan, un joven tseltal y Carmen, una chica tsotsil, se enamoran apasionadamente; sin embargo, sus sentimientos se ven afectados por la rivalidad que existe entre las familias de ambos. Su pasión se desbordará mientras recorremos las páginas que describirán los escenarios propios de un Chiapas que es moderno y que a la vez, guarda celosamente sus tradiciones. Quedarán descritos de forma impecable los fríos caminos que conducen de un poblado a otro en la zona Altos pero también habrá lugar para retratar la realidad cuasi cosmopolita de un San Cristóbal de Las Casas asediado por los turistas europeos. La trama se desarrollará reflejando además las costumbres y tradiciones de las dos etnias, y permitirá conocer cómo la influencia ladina las ha afectado al paso de varias décadas. Veremos la forma en que la discriminación y la intolerancia siguen presionando al estrato social más bajo de la población mientras avanza la aventura de un amor que no podrá ser. Las supersticiones y la religión marcarán el camino de muchas de las decisiones de los héroes y avanzaremos juntos hacia el trágico final.

Eso haré.
Eso haremos.
Seguramente, vende.

miércoles, enero 21

No sé que dice: Mutter

No tengo ni la menor idea de lo que dice, pero la estaba escuchando en el trabajo y la quise compartir.
Wiiiiiii.


P.D. Se acuerdan de cuando eran niños? Yo me acordé de cuando me acordaba... y escribí lo de abajo.

Un poema para niños...

Un día quise escribir un poema para niños.
Terminé escribiendo un poema como un niño.
Terminé llorando.
Por escribir como niño.
Por pensar otra vez como niño.
Por recordarme cuando era niño.
Por reconocer que antes, cuando niño:
soñaba, amaba, imaginaba, volaba, jugaba, corría,
no había hambre ni sed que durara, ni mañana que significara algo,
ni recuerdos malos ni buenos, solo recuerdos acomodados en cajones,
solo besos en las mejillas y sonrojos, dulces, exploraciones a los zaguanes,
pelotas perdidas en el atardecer que nunca aparecían de nuevo
(¿a dónde habrán ido a parar?),
solo despertares y caminos a la escuela,
calles llenas de hoyos que eran una aventura,
televisiones monocromáticas con caricaturas una hora al día,
juguetes del mercado que eran los más bellos del mundo,
árboles gigantescos que escondían amenazantes panales de avispas,
incursiones nocturnas al patio después de la lluvia para cazar hormigas
que se tostaban al comal y se comían con limón y sal,
refrescantes vasos de maíz y cacao que sudaban entre las manos,
espejos rotos sin intensión y castigos que duraban un amago de llanto,
uñas negras después de construir fortalezas en la tierra,
miradas que curaban, pesadillas que se esfumaban con un abrazo,
rivalidades que terminaban a la hora de la comida,
lealtades sin colores ni banderas,
retos deportivos que terminaban con rodillas raspadas,
los pasteles más ricos del mundo.
Quise escribir un poema para niños y recordé cuando fui uno
y lloré por ese niño, aprisionado dentro de mí,
regañado y triste, que siente miedo de soñar.
Así que abrí la puerta y lo mandé a jugar.

martes, enero 20

Me ponen triste.

Me ponen triste todas las páginas que leo.
Esos blogs que yo no he escrito,
esas frases incisivas como dientes.
Me duelen las tardes fugaces.
Viajar hacia el trabajo
sintiéndome incómodo con el mundo.
Odio las noticias absurdas al despertar.
Y me alegra poder apretar tu garganta treinta segundos
y escuchar cómo empiezas a asfixiarte.
Hacerte pensar en mis manías más absurdas
para que te asustes un poco,
lo suficiente para que tu corazón se agite
y tu inconciente se entregue a mi instinto asesino.
Amo las contrariedades de la vida,
me dan mucho de qué reírme al día siguiente.

lunes, enero 19

El tiempo es un niño corriendo con un cuchillo.

Entre pasillos atestados de gente.
Soñando con el campo abierto.
A toda velocidad, riéndose a carcajadas
mientras intentamos
-vaya estupidez-
hacernos a un lado.
Nos hiere los brazos con los que apresamos.
Nos corta los dedos con los que invadimos.
Nos desfigura con su sonrisa sin pausa.
Corre, por ahí, cuchillo en mano,
ese niño traviezo y atrevido
que a veces, solo por diversión,
en un día que parece común y corriente,
corta las costuras de la ropa y nos deja desnudos
en el momento que ha inventado como el indicado.
El tiempo es un niño corriendo
con un cuchillo en la mano.

viernes, enero 16

Un día largo... el de hoy y mañana.

El día va a ser largo, sí, el de mañana.
El de ayer fue largo, sí, ese mismo.
¿En qué momento estoy entonces?
No.
¿En cuándo?
¿Cómo se escribe el instante mismo en el que uno da el salto?
Los viajes en el tiempo son canicas de sabores atoradas en la garganta.
Mañana la única promesa vigente
es el viaje a una catarsis.

lunes, enero 12

Cosas.

Voy a decirte cosas. Las peores. Las inimaginables.
Apilaré mis blasfemias preferidas sobre tu almohada,
en los pliegues de las sábanas
que juntos (jajajá) arrugaremos.
A mí los juegos de palabras no me salen,
no me gustan, los deploro.
Por eso, el lenguaje sencillo de las maldiciones,
podredumbre palabreada,
manchando las paredes blancas que nos mirarán
(jajajá jajá jajajá)
queriéndose tapar los oídos
-porque las paredes oyen, mi vida, oyen-.
Atrás de ti y de mí quedarán los poemas viejos
que nadie lee ni aprueba.
Esas pérdidas de tiempo en las que revoloteaban mis plumas.
Porquería.
Vamos a decirnos cosas. Las peores. Las inimaginables.
A manchar el eco de tus gritos en la habitación.

lunes, enero 5

Se me olvida.

Se me olvida escribir. Llenar las hojas de garabatos. Cargar conmigo la libreta y sentarme ante una mesa de café.
Hacer la pose pues.
El mundo es de apariencias y si te esfuerzas en parecer algo,
quízá, algún día, termines siéndolo.
Pero a mí se me olvida aparentar que escribo,
aparentar que fumo,
aparentar que veo a la gente pasar para inspirarme,
aparentar a fin de cuentas que soy yo.
Se me olvida, por tanto, escribir.
La frase "ideas en el tintero" cobra su total sentido
en mi cabeza.
Mi cabeza es, por tanto, un enorme tintero
del que no salen las ideas.
Yo necesito tu mano entintándose
y escribiendo en las paredes para que se me antoje,
por tanto,
dejar de olvidar escribir.