¿Por qué lloraba? No era importante el hecho de llorar, sino sencillamente el por qué. Parecía un absurdo. Una estupidez que algo así le nublara los ojos con una hemorragia de lágrimas que arrastraban, a su paso, los pigmentos del delineador de ojos convirtiendo su rostro blanco en una máscara surcada por dos ríos negros.
viernes, mayo 29
Límite de velocidad.
viernes, mayo 22
Storm (o un día si tuviera una Blackberry)
Algo pasó durante la noche. Quizá una de esas suspensiones de luz que ocurren a menudo. Seguro fue eso. No hay otra razón para que el televisor no se encendiera a las 6:50 como estaba previsto. No obstante, un sonido musical me despertó a las 6:55. Entreabrí los ojos y traté de identificar el sonido. Recordé el instante en que había programado a los Hellacopters para sonar a esa hora en el dispositivo. 


miércoles, mayo 20
Plan de vuelo.
Casius Argante tamborileó los dedos contra el apoyo del brazo, veía con impaciencia desde su silla los inútiles esfuerzos de la tripulación por corregir el rumbo. ¿Qué los había golpeado? No lo sabían, lo único importante eran dos cosas: el casco había soportado el impacto y no había daños estructurales graves, lo otro era que no sabían dónde estaban y debían averiguarlo de inmediato.
jueves, mayo 14
Avatares.
Meditaban, cada uno sentado sobre una roca, sin ver hacia nada en particular. Guardando silencio como lo habían venido haciendo desde hacía varios años. A veces, les llamaba la atención la forma en que un rayo de luz de sol lograba colarse entre el entramado de nubes negras e iluminaba una piedra proyectando una caprichosa sombra. Otras, descubrían un insecto de forma extraña merodeando aquí o allá y dedicaban su atención al movimiento aleatorio de las patas hasta que moría. Otras más, uno miraba la orilla de un charco creado por la pertinaz llovizna mientras el otro cerraba los ojos para autocontemplarse.
No se sabe quién de los dos habló primero y se decidió a romper el silencio, pero en algún momento de la plática las cosas sucedieron de la siguiente manera.
- ...ha pasado mucho tiempo, no creo que funcione.
- Y sin embargo, si funciona, sería divertido. Podríamos variar la rutina. ¿No lo crees?
Elion miró sobre su hombro hasta que alcanzó con la mirada a Fanir.
- ¿Dónde estará Gendar?
- Quízá sentado en alguna roca mirando un rayo de luz caer sobre otra roca.
Elion pensó en la respuesta de Fanir por un instante.
- Deberíamos buscarlo.
- Deberíamos, pero se sabe bien que sólo pueden encontrarse dos avatares y estos, a su vez, no deben hallar a un tercero. O de lo contrario...
- Sí, sí, ya sé. Entonces, ¿qué debemos hacer?
- Empezar nosotros, claro está.
Elion volvió a meditar las palabras de Fanir. El cabello de ella caía sobre su espalda desnuda, si hubiera un poco de luz del sol también vería cómo la mata rubia reflejaba los rayos y podría apreciar mejor la blancura de la piel.
- Los otros se darán cuenta de lo que hemos hecho.
- De eso se trata -replicó Fanir y por primera vez volteó hacia Elion. Era la primera vez que se veían a los ojos en, quizá, unos cien años. Elion no tenía manera de saberlo. Quizá hubiera sido Fanir la que iniciar la plática, aunque eso, Elion solo lo volvió a meditar mucho tiempo después, cuando ella no estaba más a su lado-. Será divertido. Ya lo verás.
Elion suspiró, meditando una vez más la propuesta de Fanir. Pensó en el tiempo, la manera en que afectaba las cosas. Y en la materia y la sutil forma en que odificaba el tiempo. Eran como él y ella, como ellos.
- Habrá avatares que nos odien y otros que nos admiren. Vendrán contra nuestra o a unírsenos. Enviarán a los suyos porque no podemos encontrarnos, o de lo contrario...
- Lo importante es que pase algo. Me he cansado de este deambular por el universo.
- Yo también.
Esta vez, Fanir meditó en las últimas palabras de Elion y empezó a levantarse de la piedra cuando comprendió que la decisión estaba tomada.
Lloviznaba, y el agua había formado algunos charcos. Uno de los pies de Fanir dejó una huella en el lodo mientras se acercaba a Elion. Hacía tanto que no estaban tan cerca.
- ¿Por qué estamos aquí, Fanir?
- No lo sé. Y ellos también se lo preguntarán, cuando se encuentren en nuestra posición.
- Es cierto.
Elion y Fanir se abrazaron. Él recordaba perfectamente la textura de la piel, el olor de su aliento. Deseó entonces luz, y las nubes negras se abrieron para dejar pasar la energía del sol. Fanir a su vez, anheló un lecho y la tierra oscurecida por las guerras destiló los químicos, desapareciéndolos, y brotó la hierba.
Mientras descansaban, sobre la verde pradera, Fanir preguntó:
- ¿Ya habrá notado Gendar lo que hemos hecho?
- Seguramente. Harcus debe estar ya intentando convencerla.
- Seguramente.
- ¿Y ahora?
- ¿Ahora? A jugar, claro está.
Y se acercaron al recién nacido manantial para tomar un poco de tierra y empezar a formar figuras de lodo para insuflarles vida.
martes, mayo 12
¿Aburrido?
- Sí -contesté.
- Mmmm -sus labios se juntaron para emitir el sonido-. ¿Por qué?
- No sé. Si supiera, haría algo para remediarlo.
- Hacer algo ¿no ayudaría a remediarlo? -me interrogó.
- Se pueden hacer cosas y estar aburrido mientras se las hace. ¿No?
- Sí, supongo, no me ha pasado. ¿Desde cuando estás aburrido? -y al preguntar aquello, posó los codos sobre la mesa y apoyó el mentó sobre las palmas de sus manos para mirarme, quizá con mayor comodidad.
- Unos días, quizá unas semanas, no lo sé bien. ¿Importa?
- Importa si crees que importa. ¿Importa?
- Quizá. Fuera eso lo que me tiene aburrido. Estar aburrido de estar aburrido de estar...
- Sí, ya entendí, ¡ya entendí! Basta, que me mareas.
- Lo siento -me discupé.
- No es nada. Solo yo. Entonces, ¿aburrido?
- Sí.
- ¿Cuánto?
- ¡Claro! ¿Cuánto? ¿Mucho, regular, poco, poquito, poquitito, poquitititito?
- ¡Basta, que me mareas! Ya entendí.
- Jajajaja jajá -rió.
- Da igual estar aburrido mucho o poco. ¿Qué no?
- No -contestó tajante.
- ¿No?
- Pero claro que no. Si estas aburrido solo un poco, pues cualquier cosa te desaburre. De lo contrario...
- Sí, supongo.
- ¿Ya sabes lo que harás para desaburrirte?
- No, aún no.
- Mmmmmm -emitió el sonido juntando los labios- me aburres.
Y se fue.
domingo, mayo 10
Inflamación.
No me percaté de cuando empezó a picar. Es una de esas molestias a las que el cerebro responde involuntariamente -¿involuntariamente? en todo caso, debería de ser, inconscientemente, pero, ¿cómo se responde a algo desde la inconsciencia? ¿la conciencia existe? ¿existe la inconsciencia?-. Me pasé el dedo por la zona de piel que empezaba a enrojecerse, muy cerca de mi ojo derecho. Poco a poco, la molestia creció y la noté, palpé con cuidado el área, descubrí la erupción, me acerqué al espejo para inspeccionarla y descubrí el enrojecimiento sumado a la hinchazón. Era extraño que hubiera surgido así, porque sí, en ese preciso lugar. Quizá una alergia. Un piquete. Intenté ver más de cerca. ¿Habrá sido un zancudo? Podría ser, porque ha llovido hace unas horas y es sabido que los mosquitos suelen deambular y buscar sangre después de la lluvia, en realidad son los mosquitos hembras las que se alimentan de sangre para posteriormente desovar en un charco. Pudiera ser que un zancudo hembra buscando alimento se posara junto a mi ojo derecho -¿por qué justamente ahí?- y aplicara el piquete sin que yo me diera cuenta. Cuando se hubo retirado, la comezón empezó a surgir e instintivamente mi dedo se acercó a la zona lastimada para rascar, primero distraídamente, después con mayor insistencia, provocando la inflamación que ahora me molesta tanto.
Veo en el espejo mi ojo deformado a causa de un insignificante insecto. Si me hubiera dado de cuenta -pero estaba demasiado distraído para notarlo- habría podido matarle, evitar que se alimentara de mí, huyera, se reprodujera en una charca; después del proceso natural habría muerto invariablemente, quizá después de picar a uno o dos individuos más. Pero detener esa cadena estuvo en mis manos.
Ahora, nuevos zancudos nacerán en el agua, emergerán de ella y saldrán a alimentarse y aparearse; las hembras preñadas buscarán con su olfato la sangre, encontrarán una zona de piel delgada y picarán ahí, sorbiendo el líquido, hasta hartarse, buscarán a su vez nuevas acumulaciones de agua donde depositar los huevos, se apartarán olvidándolos para siempre -¿un zancudo tiene memoria?- y así, sucesivamente. En mis manos estuvo, ahora lo sé, detenerlo.
Pero no. No me di cuenta del piquete. Ahora soy cómplice de millones de vidas por venir... orgulloso confidente de las que a causa de ellos habrán de apagarse.
Ante el espejo, sonrío.
miércoles, mayo 6
Calima.
A través del cristal, se ve el vapor subiendo por el pavimento. Ese aire que fermenta el aburrimiento, el asco, la fatiga. En mis brazos, la realidad se perla y desliza, hasta caer al suelo, hecha pedazos. No quisiera salir, en serio que no, bajo los ojos están teñidas las prisas que se acumulan cuando el retraso de los trabajadores me hace su presa. Debería sonreír, lanzar un sarcasmo velado, pero en mi ánimo pesan más los sueños inconclusos y los pendientes eternos. También debería de cortar mi cabello para que las arañas no se entretengan tejiendo trenzas que no dejaré concluir. ¿Cuántos grados centígrados hacia la desintegración? Y mejor aún, ¿hacia arriba o hacia abajo? El cero absoluto es ese lejano resplandor helado en el que yo habría de sonreír antes de quedar paralizado. Pero el sol mastica el asfalto, como un chicle que se pega a mis suelas. ¿Hablaba acaso de algo, hace tan solo unos instantes? ¡Ah, sí! Un descuido lo tiene cualquiera, como cuando corté mis uñas antes de salir de casa, para dar de comer a las hormigas un tanto cuanto de mí. Que se diviertan con ellas. Las hormigas nerviosas son las que comen uñas dejadas antes de la cita con el calor del día. Y, amén todo, está nublado. Sea ese el vapor, pues. Que yo, me lanzaré con los brazos abiertos al cálido día, sin dejar de mascullar los intentos por deshacer las convenciones.

