Si repites una palabra, la que sea, una y otra vez, termina quedándose sin sentido. Aquí me pasa esto con los poetas, que antes tanto escaseaban y ahora se dan por millares, aquí y allá, poniendo pegatinas en los postes de luz y publicando libros bimestrales que van a dar a los anaqueles.
A uno lo llaman poeta, a otro lo glorifican poeta. Ya son tantos, como una plaga, como la polilla que roe los muebles más necesarios de la casa hasta derrumbarlos.
Solo espero que el fundamentalismo en algún lugar del mundo, de a luz a algún antipoeta que mochila a cuestas, se detone en las mercaderías que hoy tanto abundan o en una importante premiación, y acabe con unos cuantos.
Sería un buen comienzo para que al final solo queden los verdaderos, o al menos, los que parecen serlo.
Todavía recuerdo que durante varios cumpleaños y vísperas navideñas, pedí un Optimus Prime como regalo. En especial, los esperaba la mañana del día de reyes, al despertar volteaba a ver la cabecera de la cama para descubrir si finalmente ahí estaban. Por supuesto, en una ocasión recibí uno, un bello Transformer de plástico, que aunque nada tenía que ver con los originales que se anunciaban en el programa de Chabelo, a mí me hacía feliz. Con cuan poco podemos llegar a ser realmente felices en ocasiones. Yo, aquella vez, con un muñecote de plástico, era como un "santo" pero transformable. Robot-Avión. También con sus "rebabas" de plástico mal confeccionado en las extremidades, pero a final de cuentas, mi "transformer".
Y claro... cuchuwichuchuiz... se transformaba, mientras imitábamos el sonido de la mórfosis. Ahora, con tanta tecnología y efectos visuales en el cine, los Autobots y su eterna batalla contra los Decepticons llegan a la pantalla grande, y también los he estado esperando como en mañana de reyes. Los anaqueles den las mega tiendas están repletos con la nueva generación de los "últimos hijos de Cybertron". Allá un nuevo Óptimus Prime, mucho más brillante (pero más fácil de armar, creo) que los anteriores. Esto también me recuerda que de niño tuve entre mis manos un Optimus Prime "original". Era difícil cambiar la forma entre robot y camión con rapidez, era como armar un rompecabezas que al final reportaba una enorme y graciosa satisfacción. Pues eso... a la media noche de hoy se estará estrenando en México, Transformers: La Película. Al no poder asistir a la premier, me he conformado con bajarme de internet el Soundtrack de la Película, bastante bueno por cierto. Abre con un tema de Linkin Park bastante suave que se adereza a continuación con una muy buena pieza de Disturbed, una banda que ya me gustaba desde hace rato (sobre todo por el álbum, The Sickness). El resto del score está variado y bastante regular, no llena del todo mis expectativas, pero no importa. Hoy, de tener dinero, compraría todo lo que tuviera un Transformer en el empaque.
El hedor abrumaba a cada zancada. Era una huida, una rápida carrera hacia ninguna parte con el objetivo de escapar. Lo había visto todo con ojos atónitos, como si aquello no pudiera ser posible, como si de una historia lejana se tratara. Pero había aparecido, emergiendo quién sabe de donde. Arrasando con su aliento las avenidas, furioso, con una ira de milenios acumulada, con sus ojos hipnotizantes paralizando a los atemorizados, a quienes habían caído bajo su hechizo. Pero él corría, corría sin pensar en detenerse, tratando de escapar al calor que lo abrazaba todo a sus espaldas. Corría con el aliento entrecortado, mientras el aleteo zumbaba sobre su cabeza, sintiendo la mirada penetrante de la bestia a sus espaldas. Descifró entonces lo que ocurría. No podría huir. No había escapatoria. Pronto sería aplastado, herido por una lengua de fuego, caería muerto bajo el peso del dragón. La sombra le alcanzó y pasó delante de él, después la figura monumental bajó dando un rápido giro quedando de frente a él. Como si esa fuera la presa que buscaba, como si toda aquella debacle lo tuviera por objetivo. Se detuvo en el instante, viendo el rostro del dragón que descendía hasta quedar a su nivel, separado solo por unos metros, sintiéndose mareado al percibir su aliento. Un brillo llamó su atención. En una de las alas, relucía la hoja de una espada. Una vieja herida quizá. Una absurda esperanza. La bestia aspiró hasta llenar sus pulmones, preparándose para vomitar su llama. Alzando su figura para dirigir el ataque. El hombre corrió buscando refugio. Las llamas, aunque no lo alcanzaron, rozaron su piel aún a la distancia. Sintió el olor de su carne chamuscada y la debilidad en sus piernas. Se movió con toda la agilidad de que era capaz. La gigantesca criatura giró sobre si misma buscando a su presa. Aunque ágil, no lograba alcanzarle. Las llamas iban creando un círculo alrededor. El hombre se encontraba en un punto ciego para la bestia y se lanzó buscando el ala derecha en la que se encontraba el arma de metal. Impulsándose, alcanzó la empuñadura, pero la espada estaba firmemente clavada; haciendo un esfuerzo, logró sacarla y solo entonces la bestia supo donde estaba su enemigo. Un chorro de sangre negra manó de la vieja herida, un tremor salió de la garganta de la bestia viéndose herida. En el brusco movimiento el hombre cayó sobre sus espaldas con el arma entre las manos. La bestia se removió buscando, hasta quedar justo sobre el perseguido. Ahí, la piel se acercó hasta casi alcanzar el filo de la espada que con la fuerza del miedo, fue impulsada carne dentro. Al instante, un rugido más feroz surgió de la criatura, que se supo herida de muerte. Se alzó sobre sus extremidades traseras, agitando la cabeza en todas direcciones hasta encontrar al hombre tendido, al fin desarmado, con el rostro pálido, las manos carcomidas por la sangre corrosiva del saurio. - ¡Tú! - Fue la única palabra del dragón antes de caer sobre su costado y morir. Mientras el hombre, desfalleciendo, sentía el calor del círculo de fuego acercándose, a punto de devorarlo, mientras las imágenes de una vida pasada llegaban a sus ojos, recordando cómo su vieja espada había quedado perdida para siempre en el ala derecha de un dragón, cuando el poder de las flamas atemorizaba, hace mucho tiempo.
A veces nos tardamos tiempo en descubrir las cosas, pero quizá (y solo quizá) sea por que las tenemos que descubrir justo en su tiempo.
Una plática en un café y la búsqueda de algo especial en un estante de discos, me permitieron llegar a Jethro Tull, y sin duda, fue en el momento preciso.
Dice el Wikipedia de Jethro Tull:
“Jethro Tull es el nombre de una original banda de rock progresivo británica, de origen escocés, que comenzó sus andaduras en 1968 y que, desde entonces, ha trabajado de forma ininterrumpida hasta el día de hoy, siendo, tras los Rolling Stones el segundo grupo de rock más antiguo todavía activo. Desde sus inicios, ha sido liderada por el virtuoso flautista Ian Anderson. La banda logró mucha popularidad en la primera mitad de los años setenta con álbumes históricos en la historia del rock como Thick As A Brick y Aqualung, y llegó a convertirse en un grupo de culto”.
Y no podía concordar más con la última frase. Me hice de mi primer disco de la banda con Jethro Tull: The Best of Acustic”, una compilación con una serie de temas digitalmente remasterizados, de los cuales, a la primera escucha, Pastime With God Company se hizo mi favorita. Pero es una banda con casi 40 años de historia, de ires y devenires, cientos de temas, originales y covers, además de los discos del vocal y flauta del grupo, Ian Anderson, de los cuales ahora estoy a la búsqueda. ¿Porqué llegué a Jethro Tull? Por la sencilla razón de que buscaba un disco con música de flauta… ¿y porqué buscaba un disco con música de flauta? Pues por que estoy tomando clases de flauta desde hace casi tres meses… y ahora, creo que tengo aún más ganas de seguir aprendiendo.
Los dejo con este solo de Ian Anderson. Noten lo que el hombre hace. Desde beatboxing hasta sonidos guturales, gritos, etc, mientras interpreta. Que lo disfruten.
Si nuestros padres nos hubieran visto, dirían: niños, dejen de hacer eso, se pueden lastimar, les quedarán cicatrices en la cara y en el cuerpo, marcas para toda la vida. Dejen de hacerlo. Y lo más seguro es que no les hubiéramos hecho caso: ¿qué niño en su sano juicio hace caso? ¿estamos nosotros al menos en juicio? ¿importa? Si tú lo sabes ya, ¿qué te digo? Sólo corríamos, a veces yo por delante, a veces tú, con un par de tijeras afiladas en las manos, desgarrando las cortinas, hiriendo los muebles en sus mullidos brazos, queriendo cortar el agua a tijeretazos, corríamos, corríamos, a veces tomados de la mano, agitando nuestra arma blanca cual bandera, riendo a carcajadas y llorando, por que la vida es un hilo en las manos de la parca y nuestras manos llevan las tijeras para cortarlo. Si tus padres o los míos nos hubieran visto correr, si alguien nos hubiera visto, habría tenido envidia, te lo juro, envidia de la mala, por que no hay personas más felices que las que corren con tijeras.
Nota: El título de esta entrada está inspirado en una película que, espero, pronto pongan en cartelera, la cual está basada a su vez en las vivencias del personaje principal… y la película se llama así: “Corriendo con tijeras” aunque en México han interpretado el nombre de otra forma… no sé qué más decir… ah! Sí, sale Alec Baldwin… y no recuerdo quien más. Se ve divertida.
Pon una señal en la ventana de tu cuarto, una campana o un rehilete, una flor colgada de una cadena, alguna señal previamente acordada entre nosotros y entonces sabré que hacer. Desempolvaré el revolver guardado en el buró a la derecha de mi cama, y saldré caminando como quien no tiene rumbo, atravesando calles a lo tonto con un arma cargada en el bolsillo. O búscame en el rincón más oscuro de la noche, en la calle donde a veces, una vez al año, rasgamos la realidad y nos besamos sin que nada importe. Búscame, te digo, en cualquier lugar de esta ciudad perdida y prometo llevar conmigo un par de navajas, unas agujetas blancas, o mis manos desnudas prestas a la estrangulación. A la hora que quieras: por la mañana o por la noche, cuando haya luna llena o en medio de un aguacero, háblame, te estaré esperando, como siempre: tu asesino particular.
Intenta caminar a lo largo de la noche, hacia un punto indefinido: un par de brazos abiertos, una puerta apenas iluminada, un desierto bulevar de provocaciones rotas. Camina, simplemente camina, y entonces te llegarán a la cabeza miles de pensamientos sucedidos uno por otro, hilados, como si jalaras una hebra de un sueter tejido y toda la prenda empezara a deshacerse. Eso pasa, uno se deshebra cada vez que piensa. El tiempo con uno mismo puede ser torturante. Tarde o temprano piensas en el amor, ese perro infernal. Ya lo decía Bukowsky. Y piensas que sí, así ha de ser finalmente: bestia domesticada pero siempre salvaje, mordiendo tu mano cuando intentas alcanzarla, pero finalmente, perro infernal como es, se queda a tu lado. El amor es un perro infernal. Pero sigues pensando y no te quedas en esos versos precisamente; vas de largo.
MELANCOLÍA Charles Bukowsky
la historia de la melancolía nos incluye a todos. me retuerzo entre las sábanas sucias mientras fijo mi mirada en las paredes azules y nada. me he acostumbrado tanto a la melancolía que la saludo como a una vieja amiga. ahora tendré 15 minutos de aflicción por la pelirroja que se fue, se lo diré a los dioses. me siento realmente mal realmente triste entonces me levanto PURIFICADO aunque no haya resuelto nada. esto es lo que me saco por patear a la religión por el culo. debi haber pateado a la pelirroja en el culo con todo y su cerebro, su dinero, su mantequilla. pero no, siento tristeza por cualquier cosa: la pelirroja fue solo un golpe más en mi vida llena de pérdidas. escucho los tambores en la radio y sonrío. hay algo mal en mí además de la melancolía
Sigues caminando, por que lo que quieres es seguir caminando, hacia la nariz húmeda que olisquea, hacia las orejas que se yerguen para aguzar el sentido, hacia los ojos transparentes que ven a través de la noche. Caminas, caminas, caminas. Caminas hacia las fauces, sedientas, ansiosas. Le lanzas tiras de carne que has sacado de tus muslos, de tus costados, de tu cara. Entregas los brazos a los colmillos para que los desgarren y no puedas hacer nada más con ellos. Te entregas. Te avientas todo. ¿Qué más da? Todo este tiempo caminando sólo buscabas caer en las fauces del amor, ese perro infernal.
1.- Hay bastante metafísica en no pensar nada. (Fernando Pessoa)
3.- "El corazón quiere ser también campana que doble". (Vladimir Maïakovsky. Poeta futurista ruso).
2.- Los excesos ocasionaes son más viables que el amor eterno. (Arthur Schnitzler)
4.-"Todos los grandes escritores son reaccionarios". (Michel Houellebecq. Las partículas elementales. Barcelona: Anagrama, 2002, página 185).
5.- "Es posible amar a un ser humano, siempre y cuando no se le conozca bien". (Charles Bukowski.)
6.-"El amor no es amor si no nos enamoramos de la persona equivocada". (Nadia Villafuerte. En su columna Sirenas y Ondinas, publicada en El Heraldo de Chiapas.)