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jueves, junio 9

Saber que sos...

Desnudo frente a la ventana, Jean Puy (1930) y Las bañistas, Gerardo Murillo 'Dr. Atl' (1902). Mural, exposición Los Modernos.

Una foto publicada por Lord Edramagor (@edramagor) el


A veces sos esquirla. Trayectoria de explosión.
La tormenta en mi pecho cuando suda la rabia.
El recuerdo perfecto.
A veces sos el exacto accidente que da lugar al universo.

Yo quiero ser ese viento que corre antes de que lluevas.
Levantarte sobre las ruinas hasta lo más alto de la tempestad.
¿No es el amor tan parecido a la devastación? Y por eso en la tormenta se antoja tanto el abrazo.
En la primera vibración del cielo, mientras caigo y te observo, soplo.
Vos te hacés lluvia. Vos lo inundás todo.

¿Quién llegó primero al momento en el que nos decidimos?
El amor es
a veces
esa esquina donde no sirven ya de nada los antifaces.
Y admirarte en esa violenta revuelta en tu cabello,
en esa forma en la que sólo vos sabés llover.
Qué poquito se vuelve el tiempo
cuando se trataba de volvernos perfectos e inmortales
como un par de mariposas saliendo de la boca de un sueño.
Almas y fantasmas, el juego de niños
lleno de besos violentos como el hambre
mientras nos quitábamos la piel hasta volvernos grandes.
Cómo no te iba a querer, cómo no iba a entrar a esa casa tomada
que era la idea de lo posible.
A veces sos el acertijo correcto.
A veces sos esa explosión en mi pecho que tiñe de rojo la tarde.

miércoles, enero 13

Revuelta



Caminar hacia atrás, dicen,
para intentar devolver el tiempo al lugar
del que no debió moverse
-si tan sólo pudiéramos tomarle por las solapas,
castigarle como a un niño y enviarlo al rincón,
obligarlo, por las buenas o malas, a obedecer-.
Ver que las paredes se alejan
con las silenciosas telarañas que ribetean los paisajes
de recuerdos -y profecías autocumplidas-.
Disfrutar del silencio,
silencio navaja rasgando las cortinas,
silencio detonando sus cargas mudas hacia el cielo,
silencio barrera elevándose con sus tabiques de papel.
Atravesar la luz
en el más arriesgado experimento
-hacer que tus partículas y las mías
roten incesantemente hasta crear un campo de cerezos
firmemente arraigado a la inconsistencia de la respiración-
y ver, al final del proceso que siempre se ha evitado
cómo se genera una historia igual a todas:
mismos pasajes, mismos odios,
trajes a la medida para los lugares siempre encontrados,
lágrimas rodando al sur
inevitables
para dejar trozos de su integridad
en cada alambre de púas impuesto
ante cada una de las fronteras que más allá de hoy
se encuentran.
Suponerlo todo
-como si las líneas de la mano
estuvieran carentes de suposiciones-
y adivinar
(la clarividencia sólo llega cuando es más inoportuna)
a la conclusión que nos arranca una cruel sonrisa:
todo esto ha de perecer.
Caminar hacia atrás
-velocidades de vorágine
si se las compara con el estallido del universo-
y volver a tomar los mismos tranvías,
comprar los tickets para peliculas de finales previsibles,
dejar caer los vasos una vez más
al pie de cada una de las mesas.
Caminar hacia atrás, volver el tiempo,
y dirigirnos con prisa
-como siempre-
hacia el irresistible
-porque la desgracia como la felicidad
tienen una inherente fuerza de atracción-
mañana.

martes, abril 21

Algo no está del todo bien



Algo se ha colgado de mi hombro. Su siseo ya no es más extranjero pero he decidido acudir al espejo para verificarlo. La imagen se me aparece como quien da una vuelta equivocada y se encuentra en un amplio pasillo iluminado y vacío, la sensación es la del cliché mientras deambulas por el museo. Me he puesto a buscar, primero por fuera del marco del reflejo, astillas de realidad, un camino de migas de pan transportadas por hormigas –la señal esperada de que por encima de nuestras cabezas se prepara la lluvia sin horas–. Algo va mal, ¿qué es? La pared es un lienzo que huye. La pared es el tiempo dedicado y sus astas salvajes se escabullen mientras intento mantener el equilibrio. Algo va mal, ¿quién puso esta sonrisa por encima de mi hombro? Los labios, quiero decir, la idea de esos labios y su curva púrpura tienen el peso de una sombra en mi vista periférica y un tacto ahora familiar que empieza en el omóplato y se detiene antes de llegar a la clavícula. Debería concentrarme en la superficie del espejo. El reflejo helado me mira mientras busco en sus detalles. Algo pasa, ¿por qué no logro ver más allá de esos ojos? La sonrisa apenas asoma, sin importar cuanto contorsione el cuerpo no logro atraparla en el reflejo. Mi cuerpo hace figuras ridículas en la oscuridad ante el espejo y siento que la sonrisa, quiero decir, esa idea vista a medias, casi adivinada sobre mi hombro, parece abrirse y reír sin disimular la satisfacción. Me detengo –ya no veo a la pared ni al espejo ni al animal que escapa por el pasillo y deja sus huellas en el aire– y mis labios se tensan para imitar un gesto que no puedo dibujar. Algo no está del todo bien. La sonrisa por encima de mi hombro no deja de vigilar.


jueves, febrero 4

Cápsula de Tiempo

Alguien se reirá sobre las tragedias
acordadas como final de cuento de hadas
-los sabios escribieron que todos vivieron felices
por siempre y jamás, o lo que es lo mismo,
colapsaron universos a conciencia-
pero será misericordioso y se enjugará las lágrimas.
(Catalejo de cristales rotos, visualizador de los carámbanos,
desata ya la lluvia,
carga de burbujas el sonido de los racimos tintineantes)
Ríe.
Los códigos binarios ateridos
se derriten en torno a las manecillas afiladas
mientras un mareo
-los sistemas advierten de los alucinógenos perfectos-
salta a la mano como una enfermedad prefabricada.
Alguien suprimirá los lugares vacíos
con florituras para las leyendas informativas
en las que yacen delicadas y cristalinas cápsulas
que capturan diez instantes de premonición:
todo es tiempo capaz de ocurrir
y línea de mano,
quijada,
sangre,
peñasco de sacrificio:
nada debe entenderse
-todo es tal como es-
y ningún argumento es válido
ante los testigos que han esperado tanto por este momento.

martes, febrero 2

Fiesta...



Me encantaría que participaras de esta ronda -que lanzaras los vasos contra las paredes y pusieras las botellas a volar (y eso sería como conjurar estrellas bajo el techo, sería tanto como invocar diluvios para los parias) y aplaudieras- hacer una fiesta -bailar, pues, hasta enloquecer- y cantar en un idioma inventado (para eso se necesitaría ser gemelos) o dar vueltas hasta caer mareados -el horizonte se movería del sitio al que está destinado y eso podría causarnos mucha risa (también se nos descompondrían los sentidos) pero al fin y al cabo todo es una fiesta- así pues sería la risa -las carcajadas son los vasos que hemos de romper contra la cabeza- la comida correría como ríos (todos tenemos permiso para la gula, los pecados de máxima autoría nos vienen bien) y ríos serían también la cerveza, o el vino, o lo que sea -es tan adecuada la embriaguez en estos momentos (también se da que el exceso de festín provoca llanto, pero estamos preparados para ello [el llanto provoca guerras y a las guerras estamos ya enlistados], siempre lo estamos) en ella podríamos hallar pretextos o soluciones a enigmas taciturnos- pero lo mejor de todo sería cantar, cantar, cantar hasta desmayarnos. Cantar y bailar como duendes poseídos. Eso nos haría tan felices. Estoy seguro.

jueves, mayo 14

Avatares.

Meditaban, cada uno sentado sobre una roca, sin ver hacia nada en particular. Guardando silencio como lo habían venido haciendo desde hacía varios años. A veces, les llamaba la atención la forma en que un rayo de luz de sol lograba colarse entre el entramado de nubes negras e iluminaba una piedra proyectando una caprichosa sombra. Otras, descubrían un insecto de forma extraña merodeando aquí o allá y dedicaban su atención al movimiento aleatorio de las patas hasta que moría. Otras más, uno miraba la orilla de un charco creado por la pertinaz llovizna mientras el otro cerraba los ojos para autocontemplarse.
No se sabe quién de los dos habló primero y se decidió a romper el silencio, pero en algún momento de la plática las cosas sucedieron de la siguiente manera.
- ...ha pasado mucho tiempo, no creo que funcione.
- Y sin embargo, si funciona, sería divertido. Podríamos variar la rutina. ¿No lo crees?
Elion miró sobre su hombro hasta que alcanzó con la mirada a Fanir.
- ¿Dónde estará Gendar?
- Quízá sentado en alguna roca mirando un rayo de luz caer sobre otra roca.
Elion pensó en la respuesta de Fanir por un instante.
- Deberíamos buscarlo.
- Deberíamos, pero se sabe bien que sólo pueden encontrarse dos avatares y estos, a su vez, no deben hallar a un tercero. O de lo contrario...
- Sí, sí, ya sé. Entonces, ¿qué debemos hacer?
- Empezar nosotros, claro está.
Elion volvió a meditar las palabras de Fanir. El cabello de ella caía sobre su espalda desnuda, si hubiera un poco de luz del sol también vería cómo la mata rubia reflejaba los rayos y podría apreciar mejor la blancura de la piel.
- Los otros se darán cuenta de lo que hemos hecho.
- De eso se trata -replicó Fanir y por primera vez volteó hacia Elion. Era la primera vez que se veían a los ojos en, quizá, unos cien años. Elion no tenía manera de saberlo. Quizá hubiera sido Fanir la que iniciar la plática, aunque eso, Elion solo lo volvió a meditar mucho tiempo después, cuando ella no estaba más a su lado-. Será divertido. Ya lo verás.
Elion suspiró, meditando una vez más la propuesta de Fanir. Pensó en el tiempo, la manera en que afectaba las cosas. Y en la materia y la sutil forma en que odificaba el tiempo. Eran como él y ella, como ellos.
- Habrá avatares que nos odien y otros que nos admiren. Vendrán contra nuestra o a unírsenos. Enviarán a los suyos porque no podemos encontrarnos, o de lo contrario...
- Lo importante es que pase algo. Me he cansado de este deambular por el universo.
- Yo también.
Esta vez, Fanir meditó en las últimas palabras de Elion y empezó a levantarse de la piedra cuando comprendió que la decisión estaba tomada.
Lloviznaba, y el agua había formado algunos charcos. Uno de los pies de Fanir dejó una huella en el lodo mientras se acercaba a Elion. Hacía tanto que no estaban tan cerca.
- ¿Por qué estamos aquí, Fanir?
- No lo sé. Y ellos también se lo preguntarán, cuando se encuentren en nuestra posición.
- Es cierto.
Elion y Fanir se abrazaron. Él recordaba perfectamente la textura de la piel, el olor de su aliento. Deseó entonces luz, y las nubes negras se abrieron para dejar pasar la energía del sol. Fanir a su vez, anheló un lecho y la tierra oscurecida por las guerras destiló los químicos, desapareciéndolos, y brotó la hierba.
Mientras descansaban, sobre la verde pradera, Fanir preguntó:
- ¿Ya habrá notado Gendar lo que hemos hecho?
- Seguramente. Harcus debe estar ya intentando convencerla.
- Seguramente.
- ¿Y ahora?
- ¿Ahora? A jugar, claro está.
Y se acercaron al recién nacido manantial para tomar un poco de tierra y empezar a formar figuras de lodo para insuflarles vida.

lunes, diciembre 29

Yo no olvido al año viejo.

Ni modos, llegó el momento del recuento de fin de año.
El 2008 me enseñó a ser suspicaz, a no confundir la lealtad con la credulidad y por lo tanto a cuestionar lo que se debe creer cuando viene de boca ajena. Quizá esté mal que año con año nos volvamos más incrédulos y desconfiados, pero no está mal volvernos más suspicacez. Guardaré toda mi capacidad de asombro para espacios de la vida que realmente lo valen.
Que podemos desesperarnos cinco minutos, pero no sabemos soltar la toalla. A veces, cuando la cosa se ve más fea, más desnutrida, más desesperanzadora, hay varias manos amigas que ponen el pulgar arriba, que empujan, que se extienden para dar. Eso ya lo sabía, este año lo confirmé.
Que el adagio de "siempre habrá alguien peor que uno" no sirve para darnos auto-consuelo, pero nos pone en perspectiva la vida y que es en esos momentos en los que nos damos cuenta que por muy jodidos que andemos, siempre tendremos algo qué ofrecer a esa persona que nos necesita.
Que los fracasos no desvanecen los sueños, por que cuando sueñas acompañado, los tropezones, las cuestas arriba, las caídas que no se acaban, son mero requisito para aprender que la mayor dificultad siempre será perder la esperanza y que por lo tanto, nosotros no tendremos que enfrentarnos a eso por que siempre tendremos ojos en los cuales reflejarnos para recuperar nuestra fe en el día que viene.
Que siempre habrá maneras, lugares y momentos para bailar, cantar, saltar, beber, reír, abrazarse, sudar, cansarse, tirarse cansado al suelo, siempre contentos. Y que los motivos no son necesarios. Porque quien necesita motivos para reír, no se merece toda la fiesta que hay en el mundo para quien tiene ojos para encontrarla.
Que no hay sueños pequeños. Lo que importan son las grandes ganas para lograrlos.
Que los viajes duelen. Que las ausencias calan. Pero que siempre estaremos aguardando por aquellos que se van para abrazarlos con la misma fuerza con que los despedimos.
Que las sillas vacías frente a la mesa de café en realidad son lugares reservados y que siempre hacemos todo, todo, en honor a los que se ausentaron para crecer.
Que los recuentos son absurdos. Por que al final de cuentas, lo importante es saber que hemos aprendido algo y que terminamos el año, quizá con más pena que gloria, pero que empezamos el otro con los mismos bríos que éste que se va.
Porque habemos ruidosos, soñadores, revolucionarios, desintegrados, izquierdosos, poetas, músicos, constructores de casas y de palabras, maestros, anarquistas, punketos, extranjeros en nuestras propias casas, turistas en este largo viaje que se nos va entre las manos, quejosos ante jueces sordos, luchadores con la espalda contra la lona, criticados, criticones, protagonistas de comentarios y de olvidos, somos quienes somos, aunque entre nosotros dejemos de gustarnos, aunque solo entre nosotros nos admiremos. Somos los que terminamos el 2008. Quienes crecimos.

Quienes esperamos el 2009.

A todos nosotros:

Que el 2009 esté lleno de éxitos. De retos y de triunfos.



domingo, noviembre 2

Mareado

El tiempo tiene una cualidad extraña. Se expande. Se dobla. Se rompe.
Es inverosímil que a pesar de las eras que el hombre lleva sobre la faz de la tierra no haya aprendido a viajar a través de la delicada tela del tiempo.
Y sin embargo, el tiempo tiene esa cualidad de componerlo todo, de reordenarlo, de ponernos en el camino indicado, de resolverlo todo.
El tiempo es ese licor que me marea a estas horas, que con sabores dulces, amarcos, inexistentes (todo cambia dependiendo de la copa de la que se beba) me pone en el lugar indicado para reencontrarme con los rostros de los que nunca debí de separarme.
Baile de disfraces pues, en los que el tiempo hace sus travesuras.