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jueves, junio 9

Saber que sos...

Desnudo frente a la ventana, Jean Puy (1930) y Las bañistas, Gerardo Murillo 'Dr. Atl' (1902). Mural, exposición Los Modernos.

Una foto publicada por Lord Edramagor (@edramagor) el


A veces sos esquirla. Trayectoria de explosión.
La tormenta en mi pecho cuando suda la rabia.
El recuerdo perfecto.
A veces sos el exacto accidente que da lugar al universo.

Yo quiero ser ese viento que corre antes de que lluevas.
Levantarte sobre las ruinas hasta lo más alto de la tempestad.
¿No es el amor tan parecido a la devastación? Y por eso en la tormenta se antoja tanto el abrazo.
En la primera vibración del cielo, mientras caigo y te observo, soplo.
Vos te hacés lluvia. Vos lo inundás todo.

¿Quién llegó primero al momento en el que nos decidimos?
El amor es
a veces
esa esquina donde no sirven ya de nada los antifaces.
Y admirarte en esa violenta revuelta en tu cabello,
en esa forma en la que sólo vos sabés llover.
Qué poquito se vuelve el tiempo
cuando se trataba de volvernos perfectos e inmortales
como un par de mariposas saliendo de la boca de un sueño.
Almas y fantasmas, el juego de niños
lleno de besos violentos como el hambre
mientras nos quitábamos la piel hasta volvernos grandes.
Cómo no te iba a querer, cómo no iba a entrar a esa casa tomada
que era la idea de lo posible.
A veces sos el acertijo correcto.
A veces sos esa explosión en mi pecho que tiñe de rojo la tarde.

miércoles, junio 8

A veces sos...

viernes, mayo 20

Algo que se podría hacer



Algo que se podría hacer con todo es olvidarlo.
Posible, sí, pero no conveniente.
Por eso dejo a este pensamiento seguir reptando
sobre mi piel,
llaga que me lame los ojos, una peste.
Una arcada que expulsa al vino.

Pero estas son las lecciones de la tristeza,
de la rabia, del asco, el ansia.
El peor error sería arrepentirse
de dar el paso que te condujo a la caída.
No es la noria
de un pie delante del otro,
esas serpentinas con luces de colores
que brillaban
como un millar de posibilidades,
no la incertidumbre como
un trago de mezcal a ciegas en la noche,
ni las líneas de las manos
garabateadas con el humo de los cigarros.
No.

Aquello era la ofrenda y a vos te nombré ritual.
Aún puedo sonreír a esa certeza.
Pero mañana vendrá la lluvia
y dejará limpio todo.
Incluso esta ciudad
que nos hemos tatuado bajo la carne,
la que no deja de cambiar y de cambiarnos.

jueves, abril 14

El ansia




Vos eras el ansia de la fruta
cuando se acerca a los labios,
su grito al entregar la carne.

Solo quien hace un barco de papel con un recuerdo
añade a la rutina lo que bajo tu piel es respiro.
Y, ¿quién era yo?

Una hora cualquiera se convierte en escalofrío,
un esperar de mareo
sin posibilidad de devolver una palabra.

Era una rabia.
Odiar como germinando,
un dividirse hasta que el retoño te alcance.

Vos y tu voz que desecaba igual que nos hace la ciudad,
una sola pared por todo laberinto,
la cuesta abajo.

¿Qué había más allá?
La desesperante fortuna como una certeza descorazonadora.

Nos hace tanta falta la amnistía.
Es innecesaria, pero igual hay que chocar las copas
antes del primer sorbo.

Un incensario para purificar,
que también está de más.
Esta bestia en el estómago es cristalina.

La boca que te alcanzaba,
eso era.
Llevando el ansia de la lengua a la entraña.

miércoles, febrero 24

Tacto


No soy yo, no es nada. Cualquier cosa.
Un chicle pegado en la suela del zapato,
una fecha balanceándose en la manecilla de un reloj,
la aguja cayendo en el surco del vinil.
Y también la música.
Yo no pedí que avivaran los sueños
como una brasa bajo mis pies,
pero sigo adivinando la distancia
mientras confirmo cada día
el inútil malabar.
Esta es una competencia espantosa.
Mi sombra siempre se adelanta un paso
para dejarme los añicos.
Da igual: reímos.
Mi mano aún puede hacer un cuenco
en donde beberte.
Tu borde aún puede describirse sobre esta mano.
El mundo se craquela vacío más allá del dorso
pero la palma no se sabe sino cuando se llena.
Una mano no es algo si no se la sujeta.
Solo un arma abandonada, una bruta piedra que ansía la forma.
El universo esperando.
Todo está ocurriendo en este preciso instante
y apenas si nos damos cuenta.
Observamos:
No soy yo, no es nada.

martes, febrero 23

Postal de una ciudad en llamas



Estoy esperando el momento en que empezaremos a arder.
No creo que sobrevivamos a las bugambilias
que se sostienen en las ramas, aún.
Apenas hemos salido librados esa vez
para irnos con las mejores opciones de la depravación.
En cambio, sobre la ciudad atardece
y el aura febril cubre igual a santos y demonios
que siguen batallando.
Tú también has sido una tarde ardiente,
la idea de un vestido de manta que no he comprado
y se te vería tan bien
mientras conjuras el desastre.
(En esta ciudad cercada por sus llamas
vos podrías caminar como una lengua de agua
disolviendo el nácar.)
La vida como esa pausa antes del fin del mundo
viendo películas ante un televisor viejo.
Y las brasas de las que no puede escaparse,
la plácida y ardiente certeza.
Nosotros también atardecemos
y nos volvemos sequía,
labios quebrados que esperan el agua
para florecer.
Apunto al cielo
como un árbol acusador mientras espera el fuego.
Te entrego la última bugambilia como un beso.

jueves, enero 21

Esto era una naufragio



Esto era una naufragio
y aún así, puse velas en mis brazos
para que se hincharan al viento.
¿Adónde dijimos que estaba el norte?
No por el barranco al que tiré la brújula,
vaya ancla
cuyas cadenas terminaban en mi pecho.
Esta era la advertencia desde el principio
y nadie, salvo yo, hizo caso.
Porque el desastre, como una mano
deslizándose con precisión quirúrgica
entre la carne,
no era tan monstruoso comparado con la veda.

En la ciudad todo se hunde.
Y nos sacamos la vida de las costillas
para lanzarla, balsa espectral,
esperando que alguien la vea y se salve.
Siempre algo de nosotros
sale a flote
aunque deje olvidado en el fondo al cuerpo.

Esa ola que chocará contra las ventanas
va a arrastrar lo que queda
aquí.
Toda advertencia es también, siempre,
una profecía que se cumple deformada.
Ante la espuma amenazante alguien grita.
Sálvese quien pueda.

miércoles, enero 20

Con dejar las luces apagadas


Qué paso tan acelerado
con el que se va haciendo tiras al viento.
Aquí, nos hemos detenido.
Hablemos, por ejemplo,
del perfume que no puede visitar el sueño.
¿Por qué el reloj antes no se movía tan rápido?
No me digas que tú
no te has enojado de este modo
jamás.
Cuánta prisa todos los días.
A mí se me están ahogando
las señales,
en cualquier momento
alguien meterá los ojos bajo la superficie
para verme suspendido.
La mirada con que miro
esa desmerecida expresión, ese reflejo,
no se detiene, no se deposita en nada.
Es un através de.
No es una presencia por cuanto no tiene peso.
Podría irme hoy mismo, mañana.
En quince minutos.
Nadie vio cuando llegué
ni cuando apague las luces al marcharme.

jueves, enero 14

Lo más seguro que tenemos


Lo que hay que hacer con las certezas
es atarlas todas por sus puntas, hacer una madeja
y echarla al río más grande que encontremos.
Volverán cuando quieran.
Como cuando no sabía muy bien qué hacer
y terminé encontrándome,
ya con más de treinta años,
con un par ambiciones no muy pequeñas.
O esta fiebre
que aprieta las mandíbulas para moler
los diarios malos sueños
y este rostro,
que nunca había sido mío,
vestido durante semanas hasta el entumecimiento
con la misma mueca.
Es lo que quería contarte: la seguridad con que decaemos.
Apenas si vamos a poder ser tan hermosos mañana
como ya lo hemos sido hoy.
Y lo más seguro que tenemos
es esta rabia
con que vemos el camino hacerse añicos.
Todo está tan definido
que puede servir para llenar un costal
que cuelgue al hombro
en tanto se llega al lugar donde ha de desaparecer.
Hay que desechar todo lo que era seguro,
todo lo que era real.
Esa mañana exacta,
o la boca abierta para depositarle flores,
la mesa de madera para mojarla de risa,
la llegada puntual de las palabras.
Lo que hay que hacer
es licuar todas las fronteras
mientras nos crecen pétalos en las manos.

lunes, enero 11

Nos hallamos aquí


Yo estoy fumando más que de costumbre.
Otra vez. No importa.
De cualquier manera, nos hemos estado muriendo
desde hace tanto.
Ni tú escapas de la vida
ni yo actualizo el pasaporte
porque igual, las fronteras que veo
tienen los muros altos como tardes silenciosas.
Y yo, que pensaba en los misterios por resolver,
hoy quisiera echar una maleta al auto
y cerrar el día a día
por obras de restauración.
El futuro está escrito en un papelito
que hemos puesto en el fondo de la cartera,
lo guardamos por valioso
y no lo volvemos a ver
hasta que todo estalla,
se acaban las becas de posgrado
o nos alcanza la devaluación del peso ante el dólar.
Allá afuera se están muriendo los ídolos
–o se están volviendo inmortales, lo que prefieran–
y nos van quedando los restos del mundo
que se sigue derritiendo entre las manos.
Y nos hallamos aquí,
sin saber qué hacer con el elefante en la habitación.
Pero, ¿a quién podría importarle un carajo
la devastación?
Alrededor, ese crucigrama que me rompe la cabeza.
En mis manos, ese silencio con el que podría llenar mis copas.

jueves, diciembre 31

No demasiado, no mucho tiempo


No estés triste, no demasiado, no mucho tiempo.
Este brazo izquierdo acalambrado también tiene una vena
que va directo al corazón,
y ese viento que ha soplado en tus oídos por la tarde
también conoce el camino de la vena
y viene a mí como una hermosa daga,
una sonrisa helada que hace nido en mi pecho.
No te desesperes porque el paisaje da vueltas
como el fondo repetido e infinito de un dibujo animado,
no te enojes con ese absurdo escenario
y su vértigo,
si vos tienes dedos con los cuales
sacar de sus cuencas los ojos a la realidad.
Sabes morder y arrancar y desgarrar,
¿lo ves?
Tantas armas que resulta inútil perder esperanza.
Tampoco te va a hacer falta mi fantasma
para poner bajo tu afilado talón lo que del pecho queda.
Ni este ardor en el rostro
y tampoco esta hambre.
Mi ropa todavía puede absorber un sollozo
antes de que se acabe el año.
No estés triste, no demasiado,
lo justo es poco.
Aún falta brindar por las tormentas que vienen,
y por la devastación evitada mientras dejamos,
en perfecto equilibrio,
una rama en medio del dedo índice.
Falta todavía que veamos cómo arde el mundo.
Y entre eso y hoy, hay mucho.

martes, diciembre 29

Olvido habitado




Estos días he amanecido como un olvido habitado.
Tanto eco en esta habitación, exacto,
da cuerda a los relojes cuando camino
–de la ventana a la cama, de la cama a la puerta,
de la puerta, esa boca clausurada y muda
de la que nazco como una palabra aburrida,
a la ciudad—,
un eco que pone a girar al mundo.
Las calles, por su parte, lucen felices
incluso cuando se quedan calladas.
Una persona va de la mano de otra por la acera,
en el parque, en una plaza,
todo lo demás son espejos repitiendo la vida.
A mi, en cambio, alzar la mirada
me está costando más trabajo que de costumbre.
Hago la pasarela
sosteniéndome con una mano, luego la otra,
a cada hoja del calendario.
El año va a acabarse y vendrá el abismo de todo lo nuevo.

A ratos, sonrío.
Porque uno puede sonreír también en los días peores.
Después de todo,
este es el invierno más cálido, más brillante
de todas nuestras vidas.
Y nadie podría negar que estamos en la sequía de los abrazos.

miércoles, marzo 4

Curva



De la tráquea al fondo
del saco de las ideas en desorden,
arañando la corteza interna para hacer luz:
tan vacío como el perfecto en que brillabas:
haces abismo, naces, eres ya
el posible que se precipita a disolverse.

En la última advertencia
el cristal se hizo carne,
astilla por astilla echada a volar en nocturna.
En lo cercano
todo se ve táctil, ocurre
como fiebre, aturde.

Sin objeción,
yo extendería mis ramas a las ataduras:
verme explotar en el cielo:
todos los escalofríos caben
en la ferocidad de esa sonrisa.


domingo, septiembre 25

Gira el mundo




Días de enfermedad.
El ánimo craquelado de las niñas que antes jugaban
y hoy se acuestan temprano a dormir.
Ni café de madrugada
o cajetillas incompletas que se extravíen en el bulevar.
Sólo pelotones guardando nuestros sueños,
patrullando día y noche a nuestras sombras,
pasando por los lugares correctos
para evadir la acometida.
Mundos que dan vueltas
como mareo,
como arcada y sonrisa que tuerce,
como desvelo y adivinanza.
Yo giro sobre un eje descompuesto
para mirar a tiempo a tus ojos,
para despeñarme entre carcajadas.
Yo hago cuentas regresivas
para que caigan imperios,
para celebrar cumpleaños,
para cumplir con citas impostergables.
Yo desvío la mirada
y sufro un mareo:
me convierto en un mundo que gira
y va tirando las partes de su rompecabezas
a un universo donde chocan
insensibles fuerzas gravitacionales,
enfadando estrellas desconocidas,
poniendo muros ante agujeros negros,
recopilando letras para cuentos de ciencia ficción
o acordes para el baile de una fiesta de disfraces.
Emocionado,
girando hasta el leve asco,
puedo decirte una vez más:
buenas noches, corazón.

jueves, julio 21

Aislamiento

Qué solos y qué tristes
y qué inciertos;
o qué manera de juntarnos para hacernos nada.
O qué redescubrirnos más lejanos que nunca
entre tanta coincidencia y desconocimiento.
Y qué esperar de horas que no acaban,
y qué navegar de lugares comunes:
si siempre hemos sido átomos,
volátiles partículas sobrecargadas de energía
chocando incesantemente contra paredes de cartón,
mutilados de la multiplicidad,
aislados acordes de una melodía inarticulada.
Y así, solos y tristes e inciertos,
damos la respuesta antes de poder concebir la pregunta:
¿quién puede estar más solo que aquel rodeado,
absorvido, embebido por el todo?

lunes, agosto 2

I want you...

Me gusta cómo esa cascada de acordes cae, cómo el mareo se levanta en cada eco (artificios de droga que resuena en los oídos) y dice todo lo que es necesario decir. Me gusta saber que he podido descifrar (sin estudios teóricos de por medio) el filo exacto de las tijeras para seccionar las supercuerdas, acelerando el paso sobre una banda de Moëbius, con un pecado perfecto para la celebración que viene. Y suspirar, como siempre, en el momento indicado. Me gusta esa cascada. Ese caer de siempre que exige poseer. Te.

miércoles, febrero 11

La escritura, una especie de travestismo: Nadia

Supongo que algún día yo también le haré una entrevista... o quizá no.

Es la escritura una especie de travestismo: Nadia Villafuerte

* A través de la palabra uno se maquilla, dice la autora chiapaneca

México, 11 Feb (Notimex).- Historias de mojados, prostitutas,
corrupción política, vejaciones y extrema pobreza son el eje temático
del libro "¨Te gusta el látex, cielo?", de la escritora chiapaneca
Nadia Villafuerte.
En entrevista, Villafuerte explicó que "es un texto que tiene
como escenario las fronteras norte y sur del país, pero más que
mostrar una frontera territorial, pretendo definir a la frontera como
un estado emocional en el que los personajes huyen de una realidad
convulsa".
La escritora añadió que recurrió a personajes degradados,
ubicados en la frontera del sexo, la vida en pareja, la piel, la
mirada y todo lo real que ocurre bajo la superficie.
Continuó: "A lo largo de diez cuentos presento una realidad
donde se hilan los peligros, el crimen, la violencia y diferentes
estados emocionales como la soledad y el desarraigo".
Al inquirirla sobre la relación que existe entre lo que escribe
y su vida personal, Villafuerte mencionó: "La mayoría de las cosas
que he plasmado en mis obras traduce mucho de mi personalidad, ya que
la escritura es una especie de travestismo porque a través de la
palabra uno se maquilla".
Al respecto, señaló que el viaje, la trayectoria, la
marginalidad, el fracaso y el dolor, temas sobre los que ha escrito
en la mayoría de sus textos, tienen que ver con sus obsesiones como
autora y como persona.
Sobre sus inicios en el mundo de la escritura, evocó que fueron
intuitivos, porque la realidad no le fue suficiente y en un acto de
megalomanía y egolatría comenzó a construir un escenario propio que
estuviera fuera de su entorno inmediato.
La también periodista se autodefinió como una escritora realista
porque la mayoría de los contenidos que aborda tienen que ver con el
entorno en el que se mueve.
"No me interesa hablar de un mundo en el que no vivo, de modo
que la realidad es un escenario que me permite buscar matices y
personajes que se conectan a través de sus estados emocionales",
señaló.
La entrevistada aprovechó la oportunidad para recomendar la
lectura de este su nuevo libro porque, a decir de ella, los lectores
podrán encontrar en sus páginas historias de personajes que puedan
decirles algo de ciertos escenarios y emociones que los vincule con
el medio en el que se desarrollan.
Finalmente, reveló que en la actualidad trabaja una novela
polifónica, que tiene como escenarios diversos puertos del mundo y
cuyo personaje central es una mujer que enlaza a los demás
protagonistas.
Nadia Villafuerte nació en 1978 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas,
donde estudió periodismo y música en las universidades Autónoma de
Chiapas (UACH) y de Ciencias y Artes (Unicach).
Es autora de los libros de cuentos "Barcos en Houston" (Consejo
Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, 2005) y "Presidente,
por favor", en la colección de narrativa negra La casa ciega (Edaf,
España;, 2006).
"¨Te gusta el látex, cielo? es publicado por el Consejo Nacional
para la Cultura y las Artes (Conaculta), a través del Fondo Editorial
Tierra Adentro. Reúne los cuentos Flores rojas, Tinta azul, Frontera
de sal, Yésira, La piscina, Roxi, What are you looking for, Grillos,
Cajita feliz y ¨Te gusta el látex, cielo?
Su presentación está prevista para el 24 de febrero en la Feria
Internacional del Libro del Palacio de Minería, que organiza la
Universidad Nacional Autónoma de México.

lunes, enero 12

Cosas.

Voy a decirte cosas. Las peores. Las inimaginables.
Apilaré mis blasfemias preferidas sobre tu almohada,
en los pliegues de las sábanas
que juntos (jajajá) arrugaremos.
A mí los juegos de palabras no me salen,
no me gustan, los deploro.
Por eso, el lenguaje sencillo de las maldiciones,
podredumbre palabreada,
manchando las paredes blancas que nos mirarán
(jajajá jajá jajajá)
queriéndose tapar los oídos
-porque las paredes oyen, mi vida, oyen-.
Atrás de ti y de mí quedarán los poemas viejos
que nadie lee ni aprueba.
Esas pérdidas de tiempo en las que revoloteaban mis plumas.
Porquería.
Vamos a decirnos cosas. Las peores. Las inimaginables.
A manchar el eco de tus gritos en la habitación.