martes, mayo 26
Llegada
A este cuarto llega,
es una visita habitual.
Galopa por el llano de la carne y se desboca
con sus tremores, con el hocico espumante
y los ojos buscando la sombra, el nombre, la presencia.
Hace añicos lo que toca con la sola mirada
(en el polvo acumulado las huellas,
deja la noche como una hoja rota,
hierba húmeda pisoteada por su carrera)
y el sudor en la piel se cristaliza
y cae,
escamas y escamas como copos afilados.
No la toco, no me toca.
Sin llamarle llega.
Tengo en la boca su nombre
guardado en el silencio, como un fantasma.
¿Y si durmiera?
Se haría sueño.
¿Y si huyera?
Se haría hogar.
La raíz en el pecho, leña para encender al tiempo,
esa hoguera.
Las ganas contenidas de nombrarla,
es;
y el destino en lenta sucesión
–un paso a la vez, para derruir el paisaje–
mientras veo cómo se me lleva
entre las crines
la calma.
lunes, junio 7
Una pieza suelta
y suspicacia, es –son– estos ojos
que se cierran.
Luis Daniel Pulido.
con sus citas fantasmales de atadura cibernética.
Rompí la máxima de no brindarte minucias
y en la construcción de un universo sin fronteras
atajé vacío con las manos.
[Yo, siempre con el fanatismo por las sonrisas de encaje
y su instinto criminal goteando,
las distancias abiertas para dejar caer las incidencias,
el preámbulo, la presentación, el sueño...]
Venimos para escribir las instrucciones
de un ritual que empieza con manos entrelazadas,
caminamos para descifrar los mecanismos de la costumbre
ante la aparición de las tazas de café.
[Caudal de constelaciones -de invocaciones
y de resueltas trampas-,
lamer los sobres para enviar mensajes
y agitar las zarzas, divertir a los titiriteros
con nuestros juegos -nunca hemos de envejecer
ni sujetarnos, del todo, a los convencionalismos,
a los contratos, a las mentiras-].
Amar las definiciones que se escriben
y rasgan el papel con la afilada punta de un lápiz
humedecido en profética saliva.
Todo.
Y héroes de una saga circular,
y villanos aparecidos en el sitio exacto,
y todo somos,
cabezas mirando hacia el verdugo,
redentores negándose al exhilio de las verdades,
bailarines quebrantando el ritmo natural de las estrellas.
Todo. Tan poco que cabe en una cáscara de nuez
y es tu ofrenda para el resto de nuestros días.
viernes, abril 9
It is poison
Dulce como el sueño que no llega
-acusaré al insomnio de la impiedad,
de las batallas imaginarias en las que caen vencidos
los votos arruinados y las civilizaciones perdidas-,
revelación de la hora,
flor eléctrica parpadeando ante la mariposa
y su vuelo que dicta océanos revolucionados
y tifones en los trópicos del subdesarrollo.
Piel y navaja, todo veneno:
el azúcar cuajada en las articulaciones
desde que los diagnósticos inintelegibles prescribieron.
Eso es sólo veneno,
el arco triunfal de las perlas torcidas revolviéndose
en el estertóreo vaivén de una bondadosa carcajada de burla
-venga, culpemos a la falta de sueño
de los umbrales traspuestos y reducidos de la tolerancia-.
Los óleos de la difamación onírica:
cuerpos en mutación,
cuadrúpedos míticos ante los espejos uniformantes
y tú, a mi lado,
descubriendo cómo el cabello cambia de lugar
y el rostro convulsiona,
como después del diálogo con el Padre,
ante las mafias
-antes, también llamadas, calamidades-,
la imagen verdadera nace y se convierte,
-porque, es cierto, ninguna revelación llega completa
si no hasta después del tercer mal sueño-
en evanescencia.
Dulce como la falta de clemencia
y el juicio multitudinario,
púrpura y destilado,
el veneno excedente cae de los labios
y germina la tierra.
jueves, abril 16
La muerte de un infante inocente (escrito en Twitter)
La noche pasada conocí a un mago, a un dragón del interior y a un infante que pretendía tenderme una trampa.
Yo me había reunido con el mago, era un hombre viejo calado en ropas grises, él mismo parecía un sueño aparte.
El mago me pidió partir sin más demora, nos habíamos refugiado en una plazoleta de piedra tallada. Yo me decidí a seguirlo hacia un bosque.
Llegamos hasta el punto donde discurría un río. Se podían ver claramente las piedras bajo la corriente y me guió a un punto para vadearlo.
De alguna forma salieron al paso las dos figuras que esperábamos y que, no deseaba ver: el dragón interior y el infante malévolo, y atacaron
El dragón interior se abalanzó contra el mago y el infante engañoso me encaró a mí. Casi pude ver -o imaginé que lo hacía- ambas peleas.
Ví -o imaginé ver- al dragón interior sujetando con sus garras y elevar por los aires al mago mientras trababan pelea: garra contra espada
Yo estaba a la orilla del río, peleando con el infante engañoso, encontré un trozo metálico en la corriente y arremetí con el arma hacia él.
El infante y yo nos enlazamos en lucha, él peleaba desesperado, con los ojos muy abiertos y rugiendo. Yo pronto encontré su cuello.
El dragón intentaba detener al mago, que había empezado a decir algo que no escuchaba. Parecía que su lucha era inútil y la mía avanzaba.
Con toda la fuerza de mi cuerpo empujé el trozo de metal que empuñaba sobre el cuello del infante engañoso y empecé a estrangularlo.
El mago gritaba sin dejar de luchar, trataba de advertirme, y mi trozo de metal empezó a cortar, decapitar al infante engañoso que me miraba
Mi improvisada espada empezó a penetrar en la carne, los ojos del infante se desorbitaban y la sangre se difuminó en la corriente del río.
Finalmente, el hierro atravesó el cuello completo y la cabeza rodó a unos pasos. El cuerpo del infante convulsionó una última vez.
Caminé hacia el mago, el dragón interior me veía compadeciéndose. ¿Por qué? Ya no parecía enemigo, sólo lucía cansado, agitado y confuso.
Yo había matado al infante engañoso, pero él no era quien yo creía, no era el enemigo y lloré su muerte, desesperado, triste, rabioso, lloré.
Su muerte me pesaba, era un inocente y había caído a mis manos. Confusión y tristeza se mezclaron en el río. En mí. ¿Dónde está el enemigo?
Todavía no lo sé. He despertado, con la conciencia cargada de su muerte y no, aún no lo sé. Pero quisiera.
domingo, febrero 1
Aunque sea de "Mi Alegría"
Quiero un telescopio. De nuevo. Como cuando era un chavalito y el cielo se veía colmado de estrellas titilando y yo me discutía entre las que serían planetas y las que serían soles brillando desde hace miles de años en un punto indeterminado e inimagible del universo.
Aunque sea de "Mi Alegría" y no se vea mas que la cara golpeada de la luna a lo lejos y las estrellas sigan siendo puntitos diminutos enmarcados en un círculo negro en la orilla del telescopio.
Quiero un aparato de esos con espejos, lentes, tuercas y tornillos para ajustar la imagen; sentarme en la azotea de la casa como niño con juguete nuevo -y así sería- soñando a ser el astrónomo que nunca seré.
Quiero un telescopio, aunque sea de "Mi Alegría", para mí solito, para viajar a través de los espejos fuera de este planeta y caminar, como el principito aquel, de asteroide en asteroide para platicar con rosas solitarias y vanidosas, trepar por baobabs empecinados en crecer, y caer finalmente, en el amplio desierto de la realidad junto a un piloto pintor perdido.
